¿Los mejores ángeles?

La gente sabe que para desarrollarse debe sumarse al uso de valores competenciales que permiten a un ser humano identificarse con el grupo social en donde ha nacido, crecido y se desenvuelve. Hoy sabemos que un hombre es más lo que aprende que lo que es y casi todo lo que sabe lo toma de los que le rodean. Sabiendo que la población europea y española es mayoritariamente urbana y mediatizada, no parece plausible que cualquiera de nosotros aprenda y valore los mecanismos de la naturaleza y sus reglas.

Steven Pinker, es un prominente psicólogo experimental norteamericano de origen canadiense, científico cognitivo, lingüista y un popular escritor. Es profesor en el Harvard College y titular del “Johnstone Family Professorship” en el Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard. Es conocido por su defensa enérgica y de gran alcance de la psicología evolucionista y de la teoría computacional de la mente. Sus especializaciones académicas son la percepción y el desarrollo del lenguaje. Sus libros (El instinto del lenguaje, Cómo funciona la mente, Palabras y reglas y La tabla rasa) han ganado numerosos premios y le han dotado de renombre. En su último libro The Better Angels of Our Nature (Los mejores ángeles de la naturaleza), que acaba de publicarse, propone la tesis del abandono de la violencia por el hombre, argumentando que salvo casos aislados, el hombre no es malo por naturaleza como se le suponía sino mas bien lo contrario y basado en estadísticas (más de 1300 páginas) asegura que el hombre actual está en el estadio de abandonar definitivamente la violencia. Y estoy de acuerdo con Pinker. La violencia se asocia hoy a la marginalidad de grupos reducidos o a manifestaciones de conductas patológicas y el terrorismo y la delincuencia. El boxeo no es ni con mucho lo que era en los años treinta, las paleas de gallos están remitidas a muy pocos espacios y las de otros animales prohibidas en casi todo el planeta. La gente ve por televisión personas sentimentalizadas dispuestas a llorar porque su equipo ha ganado o porque les han elegido como novias. El público de la Roma Imperial tenía como espectáculo preferido las larguísimas sesiones del Circo y acudían al Coliseo a presenciar horas y horas de violencia entre animales y humanos donde la sangre salpicaba en directo sus rostros y túnicas. ¿Alguien puede imaginarlo?

Desterrada la violencia de la pantalla del televisor y remitida a las informaciones delincuentes, los pocos colectivos que toman contacto con la sangre y la muerte cada fin de semana de manera legal son los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, el colectivo sanitario y colectivos despreciados socialmente como el cazador. Que inmerso en la representación dramática de la vida, cumple su función en ella y mata, despelleja, eviscera y come lo que mata. O sea, un salvaje despreciable a los ojos de casi todos los demás. Aunque curiosamente no sucede lo mismo con los pescadores que sacan a un animal vivo de su hábitat y dejan que muera por asfixia. Será porque ya no nos parecemos nada a ellos.

Puede que Pinker exagere. Como todo divulgador generaliza y ya sabemos lo que eso conlleva, pero aunque conservadora, es una opción a la reflexión. Aunque, la verdad es que mirando alrededor solo aparece algún ángel reconocible muy de cuando en cuando y eso, mirando con los ojos de ver buenas cosas.

Nada es eterno, pero la voluntad lo ansía porque ella misma es quimera. Diciembre.