La transparencia social vasca como problema

La gente sabe que cuanto mas complejas sean las cosas mas difíciles son de manejar, pero tambien sabe que de esa complejidad puede venir la mayor posibilidad de perfección. Las sociedades primitivas eran muy sencillas en su estructura y funcionamiento como es lógico. Unos pocos signos para igual numero de comportamientos sociales. El individuo atisbaba pocas diferencias entre su universo y el de los suyos como grupo ya que los valores intercambiados se parecían enormemente. La esfera individual se transfería con gran delicadeza y eficacia a la social, apenas consistía en trasladar lo que uno sabia a lo que los demás esperaban que casi siempre se parecía bastante. Las tareas de los grupos sociales se fueron haciendo cada vez mas complejas y el discurso de los mismos se fue así mismo enrevesando cada vez mas con lo que ese traslado de esferas individuales a sociales fue haciéndose mas complejo. En realidad, sabemos bastante de las batallas y las guerras, de las pestes y hambrunas, pero siempre a través de la crónica de los poderosos. Sabemos mas bien poco de la vida social hasta que esta empieza a ser visible históricamente hablando. Eso viene a datarse tras la revolución industrial de manera evidente. La llegada de la vida privada social al escaparate de la historia no había sido posible, directamente por su sometimiento al poder político establecido, o mejor dicho, impuesto.

Las sociedades modernas de las que hoy sabemos todo y lo vemos con detalle, se ven así en el escaparate de los investigadores sociales como bebés desnudos e impotentes. No hay secretos para los pueblos. Los sociólogos usamos tantos instrumentos de medida social que somos capaces de saber el numero de móviles que se cambiaran por otros nuevos el año que viene. La estadística nos ha ayudado a aco prender el alma social de la gente aunque mantiene casi las mismas zonas de sombra sobre el alma individual. El tipo en si mismo. Por eso, al final, sigue siéndonos complicado adivinar la conducta. Aunque hay cosas que sabemos sin dudar. Y sabemos, por ejemplo que mientras algunas sociedades se han ido simplificando alrededor de cada vez menor numero de valores y mayor sencillez de los mismos, otras, por las características de su estructura política y administrativa, se han ido haciendo cada vez mas complejas.

La sociedad vasca es una sociedad de una pluralidad silente. Sabemos que las diferencias entre las gentes, sus gustos, sus creencias ideológicas o religiosas son grandes. Sin embargo se ven con dificultad. Aun hoy, tras la aparentemente definitiva postura de ETA de abandonar la lucha armada, muchas gentes siguen aparentando lo que no son. Lo que no sabemos es durante cuanto tiempo mantendrán silencio. Las oportunidades en que ha tenido posibilidad de mostrarse en anteriores citas electorales no han resultado relevantes por el condicionantes de la presencia violenta, su influencia en una sociedad mayoritariamente a caballo entre los valores tradicionalistas que el nacionalismo impone y la necesidad de modernizarse sin soltar ese lastre, que lo es. Es muy difícil discernir entre el comportamiento social y el psicosocial en sociedades como la vasca en medio de una sokatira entre modernidad y tradición. Las gentes tienden a comportarse como se supone que deben hacerlo mas que como se supone que son. Los restos del matriarcalismo, el minifundismo y los ojos ocultos de la clandestinidad nieblan la mirada del investigador, porque este sabe que la libertad de comportarse como uno realmente le de la gana no deja de mirar atrás ni de preguntarse por el forastero que traspasa la puerta del bar de un día para otro. Ese es el verdadero problema.

Siempre que se espera chirrían las costuras del deseo que teme la realidad. Agosto