La invectiva

La gente sabe que las noticias deben saberse entender, valorar y enjuiciar. Toda noticia contiene diferentes grados de malentendidos, ignorancias, supuestos atrevidos e intencionalidades inconfesables que no siempre son obra del redactor sino que pueden venir directos desde la fuente. Pero es verdad que en la manipulación de la noticia es donde siempre cabe la interpretación. Sin embargo, hoy en día, cada vez es mas difícil separar la noticia de su origen. La mayor parte de ellas se pueden observar en directo o diferido directamente por el ciudadano que de esta forma, accede sin intermediación relevante a ella. Es verdad, también, que una cierta intermediación técnica, instrumental e incluso de conciencia, siempre es factible. El adorno nunca le viene mal al hecho capaz de trascender y convertirse en noticia. Por eso, cuando la gente asiste al propio hecho, no precisa de mayores intermediarios.

La invectiva es un arma usada por igual por cualquier ser humano y acompaña al rumor como guindilla. Por eso, cuando alguien nos cuenta eso de que nos han llamado esto o aquello y han dicho que somos lo uno o lo otro, solemos contestar eso de “Que me lo diga a la cara” precisamos estar frente a quien nos agrede verbalmente para asimilar el tamaño del cúter.

La invectiva tiene un sentido social enormemente practico que sirve para desacreditar al referido sin provocar necesariamente una pelea monumental. Por ejemplo en el mundo político, vemos pocas veces que una retahíla de insultos bien dirigidos son seguidos de procesos judiciales, ni siquiera de rectificaciones bien claras y eso es porque unos y otros se guardan de llegar a las manos.

Una invectiva bien manejada, sin embargo, puede proporcionar suculentos réditos políticos. Sobre todo si el objetivo es pasado.  A los dirigentes políticos les es relativamente sencillo referirse malamente a los que le pudieron haber precedido en el gobierno y aunque parezca que se arma la marimorena, pronto queda todo en nada.

Una invectiva muy socorrida es la lanzada contra los que andan lejos, o están en camino de la desacreditación. Es cómodo lanzar invectivas contra el nazismo, el capitalismo, la fiesta taurina, Marbella, los ricos o los coches que contaminan y desde luego, contra los que siguen cazando ballenas. Los dirigentes políticos son muy aficionados a procurarse objetivos predilectos. Recuerdese, la manía del General Franco contra los masones y los judíos, las filípicas video gráficas de Bin Laden o las que ahora mismito le echamos a los mercados o a los bancos. Algunas de esas manías persecutorias llegan a ser incluso graciosas. Por su contenido o por la forma de expresarse, incluso por la caricatura que logran dibujar del objeto de los ataques. Otras, sin embargo, se toman por pesadas, reiterativas y tan tendenciosas que terminan siendo inocentes. Infantiles. Hace tiempo, por ejemplo que me llama la atención la coleccion de invectivas de la Gran Dama argentina. La viuda Kirchner. Da toda la impresión que se levanta sumida en la tarea de poner a caldo todo lo que tenga que ver con este país, desde la inquisición en adelante. En cuanto puede, saca frente a las cámaras una portada periodística, una hoja parroquial o un diputado enfervorecido para lanzar su pedrada a la madre patria, que tan mala madre fue, aunque la pobrecita esta muerta y enterrada hace varios siglos. Bien es verdad que cada uno ve los fantasmas donde quiere. Eso si, sigue estando feo hablar de los ausentes.

No hay sino maldiciones en el cielo negro del rencor. Agosto