¡Muera la inteligencia! (La Serranía será Sierra)

La gente sabe que los paraísos existen, pero en los sueños. Se fundaron muchos en la historia. Nunca nadie pudo mantenerlos. La expresión Paraíso Terrenal pertenece al ámbito bíblico y como suele ser, de “terrenal” tiene más bien poco. Lo que duró según las escrituras. Y todos sabemos que les pilló aún solteros o sea que su destrucción llegó en un pispas. Justo lo que duró la inocencia. Y todos sabemos que siempre dura lo justo, aunque como veremos a algunos, les dura toda la vida, al menos lo suficiente para mantenella y no enmendalla contra el viento de la ciencia y la marea de la razón.

La Unesco, la ONU y otras organizaciones internacionales implicadas en el desarrollo, llevan años advirtiendo de un problema que aqueja a algunos países, que no es otro que el despoblamiento de las zonas rurales y sobre todo de las zonas rurales más deprimidas y más dependientes de escasos y flacos recursos. Hace años, desde 1987, al menos que yo recuerde, que se publicaron iniciativas desde la agencia europea del desarrollo instando a los gobiernos a tomar medidas para mantener la población rural en su lugar propio. Es imprescindible la presencia del hombre en el territorio por un sinfín de razones de índole económica, política, social, cultural, etc. Para ello, la AED proponía una serie de medidas encaminadas a la potenciación de los escasos recursos a los que tienen acceso estas poblaciones con el fin de que mantuvieran la llamada renta de vida o lo que es lo mismo, los ingresos y medios mínimos que les permitieran pervivir en sus condiciones ancestrales. Pero ni caso.

En estos tiempos en los que vivimos, entre otros, el instituto de estadística y cartografía de Andalucía, por ejemplo, acaba de publicar un informe demoledor. La población serrana disminuye. Las zonas de sierra de la comunidad se despoblarán de aquí a 2035 de manera severa, por ejemplo con un descenso del 16% anual de población menor de 17 años frente al 3% del conjunto de la comunidad. El ejemplo se ha dado en ciudades como Cazorla y Segura, capitales de la serranía del mismo nombre. Y lo mismo pasa en otras partes de España. No hablemos de provincias como Soria. Pero nada. Nadie ha movido un dedo para racionalizar la vida de los serranos que ven por la tele como se accede a servicios que ellos no tienen sin otorgarles valor alguno mientras ellos languidecen. La vida en la sierra es muy dura, y el ensimismamiento, la solitud y la creciente lejanía de núcleos habitados cada vez más pequeños y empobrecidos no ayuda a que la gente se quede en el terruño, viéndose abandonada por casi todo.

El sentimiento animalista ha ido, por lógica, sumando adeptos desde que el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente nos despertó en blanco y negro a las quimeras linceras y las hazañas  lobunas. Y la Administración se tragó el cuento y se lo tragó de tal modo que se dedicó desde entonces a la creación auténticos santuarios animales donde pudieran vivir impolutamente sin que el malvado humano pudiera contaminarles. Para ello, se prohibió el uso de los recursos propios, pastoreo, leña, carbón, caza y pesca. Los santuarios se fueron despoblando de seres humanos que habían mantenido aquello vivo hasta la llegada de los conservacionistas radicales que con empeño bíblico, cerraron de un plumazo milenios de equilibrio sostenible: La Serranía.

Las sierras están solitarias, en silencio, con una masa forestal cada vez mas incontrolable a pesar de las fortunas que se invierten en intentar limpiar, tarea ciclópea, carísima e inútil que hacían las cabras gratis, mientras los salvajes que las habitan se ven cada vez más deprimidos por falta de una selección adecuada y un crecimiento disparado. No hay equilibrio, pero importa poco porque quien pudiera darse cuenta de ello, los serranos, van camino de Móstoles u Hospitalet, santuarios del paro y la depresión. Uno se pone triste y parece que sigue oyendo aquel maldito grito de Millán Astray: ¡Muera la inteligencia!

No son sensaciones sino los usufructos del sentimiento. Agosto