El Estado bipolar

LA GENTE SABE que por el humo se sabe donde está el fuego como dice la romanza, pero también sabe que el humo lo deja el hombre tras de sí como el calamar la tinta, para confundir. Y las señales de humo son flechas dirigidas que se esfuman con un soplo de viento, que es lo que sucede cada día de esta crisis múltiple que sufre el viejo continente por sus pecados. Aquellos que vienen de aquellas campañas contra el Tratado de la Unión, que lograron tumbar para mayor gozo nacionalista. Ese sentimiento contra ideológico que huele a tocino y col como olían las cocinas del siglo del que viene heredado, aquel XIX que se ponía chaleco hasta en verano y que se bañaba una vez a la semana, los viernes, no para ir a misa que no hacía falta sino para visitar las casas de señoritas. Tan rancio como entonces, el nacionalismo de algunos países europeos se quedó con aquello de ¡Que inventen ellos! Y creyó que se podía crear Europa solo desde lo económico.

Los mercados, manejados por gente lista y trabajadora no especulan contra lo que muchos piensan. Van contra el flanco más débil como es su obligación y creen a pie juntillas en aquello de divide et impera (divide y vencerás) atribuido a Julio César. Desde aquellos polvos nos vienen estos lodos. Los Estados se mantuvieron incólumes mientras sus economías chupaban de la teta, detrás de la mata, ocultas por un par de hojitas sin importancia. Europa, la política, no nació, se preservaron los intereses nacionales y a correr.

Además. En este país aún llamado España, nos atrevimos como siempre, a ir más lejos y desarrollamos un autonomismo que solo tenía dos salidas naturales, la del Estado Federal o la del Estado Bipolar. Y como siempre optamos por lo peor. Ese que transfiere competencias a las autonomías y a la vez, es el único responsable de las mismas ante Europa.

El portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert lo ha dejado claro: La solicitud (100.000 millones de euros de rescate financiero) viene del Estado, el dinero lo recibe el Estado y el Estado responde por el. Amén. ¿Y cómo se responde de lo que se reparte y sobre lo que no se tiene el más mínimo control? , Asmussen, representante alemán en la junta directiva del Banco Central Europeo, refiriéndose al llamado milagro letón, lo dice y con ello avisa: La diferencia esencial entre, por ejemplo, Letonia y Grecia, radica en el grado de apropiación nacional del programa de ajuste, no solo por parte de los responsables políticos, sino también de la propia población”. ¿Y quien se cree que eso puede pasar en España, donde la casta política ha logrado que la población lo sitúe en el último estudio del CIS en el primero de los problemas y el último puesto de las profesiones más denostadas?

Nadie cree en Europa y menos, en ninguno de sus Estados, ni siquiera en la gran Alemania. Lo que sucede es que ella es demasiado grande para hincarle los dientes. Y con razón, porque no se puede creer en las entelequias y Europa hoy por hoy, lo es, y de las gordas. Sigue siendo un juego esquizofrénico de soka tira múltiple donde cada cual tira para sí y el resultado es que ninguno logra moverse un pedacito.

Mi madre, solía decir que para levantarse hay que haberse caído y la realidad es que creo que aún quedan escalones de bajada por recorrer. Que tendremos que seguir estando cada vez peor hasta que se toque fondo. De verdad. Y solo entonces se podrán tomar las medidas precisas, que como en casi todo son, exclusivamente, de carácter político. Aunque me parece que con estos no vamos a ningún lado.

Los sentidos siempre van de frente. Es el intérprete quien los confunde. Junio