El sagrario de Pandora

La gente sabe mucho de lo que aprendió desde los textos sagrados. El que sabía leer y al que se lo leían. Durante siglos y siglos, como nos ilustraba magistralmente Humberto Eco en El nombre de la rosa, fueron las bibliotecas de la Iglesia las que mantuvieron el saber oculto a los profanos y desde ellas se destilaba a cuenta gotas el conocimiento imprescindible. A la vez, se mantenían a buen recaudo textos y textos vitales que guardaban los secretos revelados. El secreto ha sido el manual de uso de la vida eclesiástica desde los tiempos de Pedro. El secreto Vaticano ha sido tan especulado que se ha escrito, dibujado, pintado, filmado, etc. mucho más de lo que por no saberse se sospecha que sobre ningún otro tema. Nada ha sido tan tentador que desvelar los secretos de la iglesia y probablemente, por nada mas ha corrido más sangre en la historia humana. Es lógico. En el secreto está la posibilidad cierta de mantener la praxis de la fe. Si lo supiéramos todo, probablemente no seriamos capaces de soñar lo necesario para atravesar el famoso valle de lágrimas.

La especulación sobre los excretos de la Iglesia ha dado por otra parte, lugar a grandes obras maestras del cine como Las sandalias del pescador, Ben Hur, El Padrino III o la más reciente saga de El código Da Vinci. Todas ellas intentando escenificar el campo de batalla más cruento de la historia. En el seno de la Iglesia, desde luego, sobre todo en los primeros siglos de su existencia, se han librado batallas de toda índole que en el mejor de los casos, terminaban en un armisticio, un Concilio para contento de los contendientes, que sancionaba los acuerdos sus compromisos adquiridos. Desde el principio, las sensibilidades e intereses provocaron estrategias oscuras que fueron amontonando ingentes baúles de secretos que como en el final de Indiana Jones, se fueron guardando en infinitas naves físicas o metafísicas.

Incendio en el Vaticano podría titularse esta nueva entrega. Paoletto, el mayordomo del Papa ha abierto el sagrario de Pandora y se ha puesto a rezar. Mientras, Benedicto XVI, el que manejo con puño de hierro durante años la famosa ¡Congregación para la doctrina de la fe! El antiguo Santo Oficio, anda pisando las esquinas de las alfombras para que no se levanten en la confianza, siguiendo la tradición de que su sucesor logre limpiar las cloacas del Estado Universal. El Vaticano manda en tanta gente de tantas razas, edades, ideologías, etc. que es un poder oscuro, probablemente también por esa tansversalidad.

De nuevo resuenan en los secretos cortiles, los pasos de los celadores como el franciscano ciego español de El nombre de la rosa. Celosamente vigilan los arcones donde esta todo sobre los abusos a menores, las desapariciones misteriosas o las cuentas verdaderas del IOR el famoso banco vaticano con ahorcados por los puentes. El último de sus responsables investigado por blanqueo de capitales como en El Padrino.

Demasiados secretos se han ido a la tumba con personajes como Leo Andreotti, o se pudren en prisión junto a Totó Riina. Mientras, los fieles se hacen cruces ante el temor de los secretos que puedan desvelarse, porque nadie sabe quien, además de Paoletto ha mirado por los cajones prohibidos y se ha llevado los secretos a casa, como si fueran mortadela. Tampoco se sabe quien está detrás de las revelaciones ni a quién benefician o perjudican mas, quien cobra o paga por ello. No se sabe nada. Como siempre. Alguien será detenido, alguien podrá desaparecer, incluso puede que algún cadáver se pasee por las escaleras marmóreas y mientras, el gran secreto, ese que permite envejecer al alma furtiva, ese, lo seguirán ocultando.

Creer es saber los versos que sueñan todos los sueños que no vale adivinar. Jueves reluciente bajo el sol. Junio