Los antisistema en el sistema

LA GENTE SABE que las paradojas son un mecanismo imprescindible para intentar la compresión de tantos asuntos indescifrables que se nos asoman cada día a la vida a cualquier ciudadano que tenga ojos y mire. No es solamente que el mecanismo de confrontación de los mismos hasta el absurdo sea un instrumento de conocimiento y de valoración, es que el propio hecho de plantear la acción es en sí mismo la expresión misma de la necesidad.

La mente humana precisa de mecanismos de claridad semántica que le permita poder incorporar los datos y clasificarlos, pues sin ello, no sería capaz de almacenarlos adecuadamente y el batiburrillo que se le armaría en el magín, con seguridad que acabaría por colapsar la actividad del propio intelecto. Si a esto añadimos la progresiva vacuidad del conocimiento comunicado, la claridad se debería extremar para no complicar el asunto.

El individuo del futuro se entrena hoy en los medios de comunicación de masas en el ejercicio consciente de desarrollar los navegadores que necesita para imponer categorías en el flujo de comunicación al que accede de forma que en esa identificación necesaria deposita su esperanza de comprensión. Solo de esa forma, se prepara para un tiempo que ha de venir en el que probablemente le cueste ejercer ese derecho, o, incluso, sea hasta mal visto.

Hasta hace poco, el concepto del posicionamiento social conocido como antisistema, estaba perfectamente identificado con unas pautas de conducta, una estética y un mensaje o ausencia del mismo tan claro como el agua. Puede que ni hubiera que subir el volumen del televisor cuando en la pantalla aparecían aquellos que identificábamos con el movimiento. Pero he aquí que el imparable crecimiento de la implicación produce la paradoja de una identificación con los protocolos establecidos que necesariamente deben seguirse para cualquier evaluación social que se pretenda. Es decir: sin usar la ecuación no podremos visualizar el resultado y sin esto, no seremos capaces de medir la propia acción social. Una cosa similar al enunciado de McLuhan aquello de que el medio es el mensaje.

En Grecia, los votantes han elegido opciones del borde del sistema en manifiesta medida. En Italia, los nopartidos han tenido resultados electorales remarcables que han dejado en la cuneta a los grandes partidos y coaliciones políticas. Y en Francia, la subida del Frente Nacional, considerado más antisistema que con vocación de gobierno, anuncia un futuro inmediato que el socialista Hollande, otro cuasi antisistema hasta ayer, tendrá que conciliar con las necesidades del estado y el futuro europeo.

¿Quiere decir que estamos en esos momentos en los que la desorientación encuentra su orientación? ¿De nuevo una paradoja para explicar la excepción? Puede que sea eso y puede que también la gente ya no busque la fiabilidad demostrada en los candidatos y sepa hasta donde es quebradiza la misma en cuanto se sienta el susodicho en el coche oficial. Puede incluso que se pretenda un movimiento de renovación sanguínea política, al igual que se hace con los animales estabulados, trayendo sangre mestiza que libere los genes aburridos de verse las mismas caras. Es posible incluso que todo sea un asunto de cercanía e incluso de abducción sociológica por la mayoría silenciosa que hace tiempo sin distinción de edad ha depositado el eco de sus voces en los movimientos como el 15M. Hasta puede que sea porque nada es lo que es eternamente. Y los valores, menos.

Todos los posibles guardan probabilidades como cera necesaria la miel. Mayo