Up In The Air

LA GENTE SABE en qué lugar de lo inesperado se cruza de pronto la sorpresa aunando lo pensado con lo vivido. Somos casualidades planificadas que nos asomamos con demasiada frecuencia a la rutina sin la preparación necesaria ni los instrumentos precisos para solventarla con destreza. Los días se nos asoman por detrás de la nuca cargados de asuntos sin el dibujo terminado, apenas esbozado un rasgo de lo que pudiera acontecer. Nos creemos que porque acertamos con el mando de la ducha sin mirar o el color apropiado de los calcetines en el cajón sin abrir, y además dominamos la fuerza de apoyo de la maquinilla de afeitar sobre la piel de la mejilla, que tenemos controlado el albur del día, sin aceptar que tenemos más tendencia a equivocarnos que a acertar. A veces, las cosas que se nos acercan desde los mecanismos de comunicación que nos suelen gobernar el día, parece que siguieran el plan perfecto para fastidiarnos y recordarnos que esa rutina a la que llamamos cotidianeidad está de pié sobre la débil superficie de la confianza, esa que tardamos tanto en levantar y que tan fugazmente nos abandona y a la que solemos tardar tanto en recuperar y que casi nunca lo hacemos del todo. De pronto programan en la tele una película que se nos antoja el colmo de lo apropiado y sabiendo, como sabemos, cuáles son los trucos de los programadores, sabemos que ni en pintura se les hubiera ocurrido pensar en esa estratégica confluencia de sentido con las que nos ha llegado a nosotros.

Up in the air es un film de Jason Reitman, director canadiense más proclive al cine de encargo que otra cosa, pero nos deja sentado al lado nuestro en el sofá a un personaje, Ryan Bingham, experto en recortes financieros y despidos de gente que se gana la vida de aquí para allá en ese camino que parece sin fin por encontrar un nuevo reto para dejar en la calle a la mayor cantidad de familias que pueda y que preso de ese vértigo, termina por creerse una persona normal en búsqueda de una vida apropiada. Y la coincidencia no es astral pero si remarcable con las explicaciones que los responsables económicos del gobierno del partido popular están esforzándose estos días en los más brillantes foros por convencer a la gente que la autopista de la nueva ley no acelera el crecimiento de la cifra de la ignominia del paro, esa que nos retrata en el espejo europeo con esa cara fea y desangelada con la que nos ven los mercados.

Los tiempos modernos nos dejan cada día una sorpresa nueva, una nueva vuelta de tuerca a las cuitas cotidianas, como si no hubiera fin para tanta bajeza. Y la visión de ese experto en desastres que nos retrata el director Reitman, se parece más a una premonición que cualquier informe del Banco Central Europeo y mejor que este, nos avisa de la segura presencia anticipada de émulos del actor Clooney, a no tardar. Ya se sabe que la vida se parece al cine y a veces se empeña en reafirmarse en su pantalla con todo lujo de detalles. Con tal precisión y similitud que parece que el tiempo hubiera corrido al revés.

La gente se rompe la voz en silencio, en el silencio doméstico donde aún reclina la cabeza, porque los rescoldos de lo que fue aún templan lo cotidiano, pero en cuanto llamen a su puerta, no tendrá más remedio que rompérsela en la calle y ahí, además, puede rompérsela a cualquiera. Y si no, al tiempo.

El cine se acicala en el espejo de los días donde la ficción ha dejado de fichar por la mañana. Marzo