La Educación no se vende. Se defiende

LA GENTE SABE que el eslogan que sirve de título a estas palabras no está inventado por el escribidor sino que sale directamente de alguna pantalla reivindicativa, y en concreto proviene de la que lleva meses colgada en el hall de entrada de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Castilla-La Mancha en Cuenca, donde éste que suscribe desarrolla su labor docente desde el año 2000. No es una pancarta sindicalista y resulta ya tan familiar que a veces pasa desapercibida, aunque hoy, quizá más que en ningún otro momento anterior es más que nunca protagonista, porque ayer, miércoles de regalo del febrero del 12, la comunidad educativa y en concreto la universitaria de esa comunidad, junto al resto de colegas de todo el territorio nacional, se levantó en huelga, para defender la educación pública. La comunidad educativa no tiene la sensación de que los gobiernos del Partido Popular están vendiendo la educación, es que está convencida de ello. El trasvase de la educación pública a la concertada es hoy la tendencia nacional y ayer mismo en la primera plana de un periódico nacional publicaba una noticia según la cual: “los barones del PP avisan a Rajoy de que están al límite” cosa sabida por todos, pero añadía: “Plantean a Rajoy que acelere el tijeretazo, que asuma los costes y que empiece por las universidades”. Le piden a Rajoy que asuma los costes y en verdad nos lo piden a todos, porque Rajoy no paga nada. Los únicos que pagamos somos nosotros, y por lo visto, los universitarios, los primeros que empezamos a pagar hace tiempo.

La educación pública es el principal medio que tiene la sociedad civil para asegurarse el futuro. Ni más ni menos. La preocupación lógica por los recortes en sanidad, por ejemplo, con anclarse en el corazón de los derechos ciudadanos conquistados, no alcanzan tan lejos como el derecho a la educación pública, la única que es capaz de garantizar la igualdad y la objetividad. La única que sigue teniendo estudiantes, no clientes.

Hace tiempo que en la Universidad de Castilla-La Mancha, como en otras, estoy seguro, nos pasamos el día en un gambeteo institucional para salvar los recortes, que llegan al absurdo de no haber hojas ni tóner para las fotocopiadoras o dejar en servicio en un edificio universitario como la Escuela Politécnica de Cuenca, un solo ascensor para todo. Las tareas de investigación están esposadas, cautivas y desarmadas, respirando por una pajita debajo del agua, aguantando la hipotermia de la cotidianidad y los profesores, como este, pagando de su bolsillo los viajes y gastos de profesores invitados imprescindibles en el desarrollo docente que vienen sin cobrar un solo euro a regalar a los alumnos lo mejor que tienen. Los recortes hace mucho que dejaron de ser una amenaza. La escasez de medios asfixia la educación mientras los bancos piden medio billón de euros al BCE. La comparación no es odiosa, es auténticamente trágica.

Las movilizaciones han comenzado con un nivel de empatía desconocido y ya se sabe que cuando a las cosas les cuesta arrancar, si cogen carrerilla, a ver luego quién y cómo las para. Lo terrible del asunto es que siempre perdemos los mismos, ante todo, los alumnos, que se relamen ante instalaciones cerradas por falta de becarios para ser utilizadas, mientras cumplen con su obligación escrupulosamente. Y déjenme que lo repita: escrupulosamente.

El ser humano, lo es porque es un ser comunicante. La comunicación le construyó el universo simbólico compartido preciso para que la socialización del individuo permitiera aspirar al futuro del grupo. Sin educación, no es posible ningún ademán de trascender. El único objetivo auténticamente objetivo.

No hay aflicción mayor que la soledad compartida porque no es un solo fracaso. Marzo