La disciplina

LA GENTE SABE la diferencia entre orden, sistema y disciplina: el empecinamiento en la observancia de los anteriores. Es sencillo, casi cada cosa que se puede hacer por medios humanos necesita de ella. Desde el acecho humanoide al animal confiando en su descuido al robo de miel o la ingesta de bulbos. El ser humano parece devenir desde siempre por la senda disciplinar. Sin ella no se habrían perfeccionado los métodos de supervivencia como la defensa personal o la caza y la pesca, imprescindibles para el desarrollo. La disciplina nos es tan necesaria como la propia oportunidad. De acuerdo que sin ella nada es posible pero lo que le confiere la cualidad factible es que seamos capaces de perseverar en ella. Las hordas primitivas fueron entrando en razón a base de disciplina, fundamentalmente militar, es cierto, pero no solo.

En cualquier instancia vital que responda a la consecuencia de una estrategia corresponderá un tipo de disciplina y en su observancia radicará sin duda el porcentaje de su éxito. No se conciben empresas ciclópeas como la romanización del mundo antiguo o la conquista de los continentes americanos si no es desde la excelencia disciplinar. Sin el empecinamiento del soldado en los movimientos y estrategias de la formación bélica, no habrían podido las legiones romanas con ejércitos muchísimo mas fieros y destructores que, por el contrario, se fueron dando de bruces con la férrea conducta de la soldadesca entrenada y obcecada. Obediente.

La palabra, el concepto, sin embargo, guarda en sí un aspecto desagradable, antipático, por severo, rígido, impositivo. Es verdad que todos la hemos sufrido y es verdad que parece que la naturaleza humana, fuera toda ella una intención natural de oponerse, de romperla. Desde la escuela, con los primeros palotes, nos ha llegado la mano firme de la maestra corrigiendo la forma de tomar el lápiz o apoyar los codos. Todo ser humano ha sido educado. De manera mas formal, completa y desarrollada o mas elemental y rústica, pero todas las normas de supervivencia están fundadas en ella. Sin ella, es difícil sobrevivir. Pero nos sienta mal porque es un traje estrecho que limita nuestros movimientos, sofoca nuestro ímpetu y moldea nuestra acción, es decir nos reprime y por ello nos rebelamos ante ella desde la primera de las represiones: la educación.

Juran por ahí que llega la disciplina económica al conjunto de la Unión Europea y asombra que nadie la haya echado en falta de manera tan expresa hasta ahora, cuando el bárbaro ataque a los flancos de la formación del euro se basaba precisamente en esa evidencia, la falta de disciplina que provocaba los huecos por los que colar el ataque. Quizá es que hay tantos jefes que no quedan indios para ejecutarla pero la realidad es que asombra que gente tan sesuda se hubiera olvidado de una cosa tan contrastada y hábil. Es posible incluso, que la próxima cumbre europea sancione un nuevo orden disciplinario económico de cuya observancia y sanción no se sabe quien pueda ocuparse aunque siempre nos viene a la mente la misma gente. Y es posible, incluso, que tan solo con eso, los mercados, esos bárbaros fieros a los que alimentamos entre todos, se lo empiecen a pensar dos veces antes de atacar, pero también es posible que los burócratas europeos estén pensando en la acepción sexista de la disciplina y se le haga la boca agua imaginando un liguero con pinchos. De cualquier forma, tenemos el deber de avisar lo que nuestra elemental inteligencia emocional nos revela tras los sueños consumistas: Nada volverá a ser lo que era. Ni con disciplina.

Vuelan palabras invisibles en un vuelo como un hijo. Sueñan y enseñan. Diciembre.