Los conflictos vascos

LA GENTE SABE que las cosas que oye debe saber en dónde colocarlas aplicando la simple regla de recordar de donde vienen. Así se evita muchos disgustos, malentendidos y meteduras de pata que luego pasan facturas imponentes que a veces ni siquiera se pueden pagar. La gente dice cosas y las cosas dichas ahí quedan, flotando, navegando, intertextualizándose y perviviendo, por supuesto a quien las dijo, de ahí que se aconseje ante la duda el silencio. Pocas cosas se mantienen tan incólumes como las palabras dichas, históricamente, las escritas, fundamentalmente, pero desde que existen medios de grabación de la voz, todas las expresadas se quedan guardadas esperando aparecer para desmentir o recordar incesantemente lo olvidado. Porque esa es otra de las características que la gente sabe que tiene el expresar ideas. Que las palabras vuelven a servir para recordar al desmemoriado, de lo que dijo en contrario.

Hay expresiones que repetidas desde un lado de la historia hay que contrastar con el otro lado de la trinchera, y discúlpeseme la expresión guerrera mal usada. Desde la perspectiva del nacionalismo vasco, en todo su arco, tan diverso, ideológica, religiosa y políticamente, se ha escuchado la expresión conflicto vasco, forma que guarda en si las características específicas de las posturas compartidas sobre las diferencias mantenidas en Euskal Herría con España, el Estado Español. Es una expresión que ha tenido su forma opositiva desde las posturas cercanas al constitucionalismo español y por tanto opuestas a aquellas, la expresión problema vasco. Ambas dos expresan de manera conclusiva las sensaciones divergentes sobre la misma cuestión y, sin entrar en cuál de las dos es más concluyente, pues cada una lo es en sí misma expresando la voluntad de quienes la emiten, es obvio que al margen de que evidentemente todo conflicto genera un problema, un problema que debe ser resuelto, lo que es tajante es que del tamaño que sea, se ha aceptado socialmente que existe un conflicto vasco, entendiendo con ello que tenemos un problema. Todos.

Sin embargo, creo que sería más justo hablar de conflictos vascos, pues es evidente que el país vasco no solo tiene, ni mucho menos su principal problema con el resto del Estado, sino que muy al contrario, existen unos cuantos conflictos que tendrá que pensar en resolver si es que puede en los próximos tiempos. Son conflictos larvados que como dice Dharendorf, son los únicos que no tienen ninguna capacidad de ser asumidos, que no resueltos. Sucede, claro está, que el conflicto principal que la vasquidad ha mantenido con el Estado y de la manera que lo ha hecho, tras las armas, ha tapado tantos otros tan importantes como aquél y que ahora hay que afrontar una vez que las armas han callado y a pesar de que la violencia genérica se resiste a dar un paso atrás y los gestos y bravuconadas aún persisten una vez que se ha detenido la riña. También esa violencia, sin duda dejará paso. Al menos hasta un nivel de intensidad socialmente admisible, porque del todo no creo que pueda desaparecer en muchísimos años. Los pueblos guardan memoria.

En Euskal Herría hay muchos conflictos vascos y casi todos ellos son entre nosotros los vascos y entre nosotros es donde deberemos sacarlos a la luz para que se oreen y no terminen pudriéndose que es cuando no tienen solución. Y para eso si que hará falta la auténtica valentía.

Los idus son oídos sordos recostados contra el viento. Noviembre.