El pescao vendido

LA GENTE SABE muy bien cuando debe avisparse y cuando no es relevante que revoloteen ante su cara sin consecuencias. No es fácil hundir la cara en una fuente llena de ellas y se hace sin duda. La gente aún no se ha avispado de lo que sucede en el debate electoral que deberá terminar para comenzar en serio el veintiuno de noviembre. No se ha movilizado, como lo dicen los políticos con ese calificativo marcial de curiosa utilidad. Los medios de comunicación si le prestan la atención que les interesa con grandes portadas, encuestas urgentes, entrevistas interesadas y artículos de opinión publicados con declaraciones de interés y similitudes sibilinas declarando la intención de voto. Eso sí, si uno, la gente por ejemplo, se dedica a viajar en metro o quedarse un rato por los alrededores de las plazas céntricas, no verá correspondencia en la gente con lo que los medios vocean. El debate no ha descendido a la calle mas allá de los mítines organizados y los encuentros pactados.

Con las cosas pintando como pintan, y a pesar de ser emitido por todas la TV generalistas excepto T5, no tuvo la audiencia esperada. Servidor lo siguió a duras penas desde la barra de La Ponderosa, de Cuenca, donde el personal le prestaba más interés a los tomates morunos que a la tele. Y eso que era Cuenca.

La gente considera el pescao vendido, quizá no todo, pero vendido. El partido popular ganará estas elecciones porque se considera deseable por el mayor porcentaje de la gente e inevitable por el resto. Algunos, se declaran enemigos acérrimos del duopolio y del hoy por ti, mañana por mí, y se aprestan a dar su voto a cualquiera que se sume a la palabrería desde siglas tan huecas como sus discursos. Otros, sin embargo, aceptan que el asunto está liquidado y se devanan los sesos para decidir qué hacer antes de tirar su voto por la basura. Lo que está claro es que a pesar de los Camps, Gürtel, C9, Caixa nova Galicia, etc, El PP se apresta a tomar el poder central, ya que el autonómico está tomado y ambos no dan para plantar cara al europeo. Mariano Rajoy, después de pasarse la vida como uno de los líderes peor valorados de la democracia española, le gana el pulso a Rubalcaba en la tele, con ceceo y ojo pipa incluido.

La sensación es que todo daría igual y por eso la gente parece dejarse llevar por las inercias anunciadas desde los sondeos de opinión y los medios. Igual que los candidatos, satisfechos ambos de su aparición pública. Ni viéndoles y escuchándoles reunidos con los suyos, da la sensación de que llegará la sangre al río. Más bien, se vislumbra un periodo de oposición elegante, cuidadosa, con discursos cautelosos y paciencia franciscana. El candidato socialista aguantó sin pestañear como se dice que le llamaran mentiroso unas cuantas veces.

¿Saben lo que creo? Que la gente sabe quién manda aquí (y allá) y sabe de sobra que estos dos no pintan un pimiento en el futuro cercano y sabe también que si los cambiaran a última hora por cualquier otros dos, daría lo mismo, pintarían igual. La gente que sabe cuando avisparse, se fija más en los andares de Sarkozy o las ojeras de Angela Merkel que en los editoriales de todos los periódicos. La gente hace tiempo que se ha dado cuenta que aquí solo mandan los mercados, que los políticos son como las velas del pastel, brillan mucho y adornan una barbaridad, pero en cuanto se apagan, van a la basura, no son reciclables. Creo que voy a pedir una buena foto en color del Down Jones para ponerla encima de la cómoda con un par de velitas a ver si suena la flauta. Porque el pescao apesta.

No hay augurios que den un paso al frente, ni para cocina. Noviembre.