Las formas de la desgracia

LA GENTE UN DÍA, mira hacia atrás como en el poema del sabio que un día…..y se ve entre los otros como esperaba. Cada vez más se encuentra con pares, gente como ella con sus problemas parejos y sus dificultades similares, con situaciones calcadas y un futuro parecido, al menos el inmediato. Ya lo sabe, porque aún va al bar a desayunar aunque sea poquito y porque se sigue parando en el descansillo de la escalera o en el portal y la historia se repite y se repite y se repite y aunque siempre creyó que se le llegaría a hacer callo, resulta que no, que a cada pena le sigue otro suspiro. Además de la que tiene encima, la gente aguanta las de los otros, porque toca. Como si no tuviera bastante con la propia le toca en cierta medida aguantar la vela del de al lado y así, va descubriendo diversas y desconocidas formas de desgracia a cada cual mas enrevesada, más peculiar, más novedosa, se diría que más imaginativa si no fuera porque se sabe que no proviene de la mente calentada sino del día a día.

Las formas de la desgracia, supongo que acentuado el asunto por los peculiares tiempos que vivimos que por cierto cada vez son más ordinarios, menos peculiares y amenazan con quedarse para siempre, son infinitas. Como infinitas son las formas de vida y las peculiaridades vitales de cada cual. Los tiempos según alargan su dificultad y perdura su penuria, van alumbrando formas de sufrir penas distintas y graves. No hace falta imaginarse a los trabajadores griegos a los que los recortes de su gobierno tiene prácticamente en la calle, pero que paradójicamente no están en ella para su legítima protesta, pues saben que eso podría aumentar los riesgos brutales que afronta su milenario país al que los inversores exigen rentabilidades del 70% prácticamente impagables. No es necesario saber leer las páginas económicas de los diarios que, por cierto, cada vez son más y mejores leídas. Solo es preciso escuchar a los del descansillo, o los del portal para descubrir que la desesperación propia también tiene compañía.

La gente soporta las adversidades de esta crisis con una entereza encomiable. Los agentes sociales se dedican a poner apósitos en las heridas y repartir agua oxigenada mientras aluden al psicólogo social para explicar su inanidad. Pero la gente soporta cada vez más una espiral de desgracia que se enreda como una hidra envenenada en los corazones humildes tiñéndolos de desánimo y cruel desesperanza. La gente ve como sus dificultades se enmarañan creando más y más angustia. Los parados de larga duración se hacen perennes y cada día resulta más dificultoso encontrar la luz del sol entre tanto presagio fatalista.

A perro flaco todo se le vuelven pulgas. Cuánta razón acumula el viejo dicho. Todo es como titula Paul Krugman en su artículo de antes de ayer: Un desastre impecable. La OCDE anticipa un deterioro de la economía y la gente que creía que todo tiene un límite, comienza a pensar que no lo hay y que pareciendo imposible que vayan peor las cosas, lo fácil es que así sea. La bosa española ha perdido la mitad de su valor, ni más ni menos, desde 2007 y de las pocas cosas que nos quedan como las viviendas, se hunde su venta en Julio en un 34,8%.

Las cifras son de infarto. Pero las caras de la desgracia no dan tregua. Mientras escuchemos debemos prepararnos. Queda aún mucho por oír. Y de lo peor.

Chirrían los sofás agobiados por el ocio y la desesperanza. Septiembre.