La educación no es gasto, es inversión

LA GENTE UN DÍA, descubre el lema tras el que saldrán a la calle los trabajadores de la educación para protestar por la marea de recortes, desinversión y abandono en que los políticos españoles y lo digo así: todos los políticos españoles siguen sumando a la educación y digo: siguen sumando, porque nunca, y digo: nunca, ha dejado de ser así. El asunto se da en todas partes aunque habiendo sido transferidas las competencias a las Comunidades Autónomas, en cada una de ellas, las cosas pintan diferente. Por ejemplo, los alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Cuenca, de la Universidad de Castilla La Mancha, no podrán usar ningún equipamiento del laboratorio de sonido ni el estudio de radio, ni las dos radios por internet que se usan en la clase de Arte Sonoro I, simplemente porque no hay becarios que las controlen. De los que había, solo queda uno y digo: uno, un becario para toda la Facultad. Está bien, nos apañaremos y con imaginación y trabajo lograremos hacer a los alumnos una oferta docente que les cautive. Pero el asunto no es ese. Hace demasiado tiempo que la educación en este país está apoyada en los hombros de los docentes, en la creencia que somos nosotros los que tenemos que sacar las castañas del fuego y en la experiencia que finalmente siempre fue así. El voluntarismo del maestro, el de siempre, el que ponía sus propios cubos para recoger las goteras. El que termina supliendo cualquier carencia de material con la voluntad y la dedicación sin límites a su tarea. Hace demasiado tiempo que se cuenta con que los funcionarios de la educación nos movemos por vocación pura y dura, aunque como decía la canción del tal Patxi Andión: “Le deben treinta y seis meses del cacareado aumento y él sabe que no es tan malo, enseñar toreando un sueldo”. Canción editada en 1974, pero que podría servir en su totalidad hoy. La educación sigue siendo el árbol del que se roban las primeras manzanas confiando en que no suceda nada irremediable y así sucede que hasta las cartas de la presidenta de la Comunidad de Madrid, contiene faltas de ortografía. El árbol se mantiene a duras penas y como todos si no se le riega, abona y poda, terminará seco.

En España, la educación nunca fue un asunto de Estado como debiera haber sido. Cualquiera sabe que sin educación, un país no es nada, pero ni por esas. En cuanto toca recortar, siguen entendiendo la educación como un gasto más y el que menos parece quejarse. La bárbara creencia se alimenta de los mismos mimbres de toda ignorancia, la de creer que siempre puede rectificarse. La educación, sin embargo, es un asunto cuyos frutos se ven a largo plazo por lo que las acciones que se le hacen siempre parecen inocuas puesto que no se ve su resultado inmediatamente y cuando salen a la luz, siempre es tarde y nunca hay marcha atrás. Lo hecho, hecho está y toca aguantarse pues normalmente te mandan a reclamar “al maestro armero“. Los que hicieron el recorte cuyas consecuencias salen a la luz ya no está en el gobierno y las mamarrachadas que los que están en ese momento en el machito estén haciendo, se verán cuando estén, de nuevo en la oposición. Lo triste es que todos se comportan con igual desprecio y burricie, como si ellos mismos no hubieran ido a la escuela.

La educación es la inversión primaria que cualquier sociedad debe mantener al pairo de los vaivenes políticos o económicos. A ver si se enteran. Que no creo.

Sueñan las letras con espacios infinitos sin puntos ni comas. Septiembre.