Las ideas pueden esperar

LA GENTE UN DÍA, tal como hoy, fiesta nacional del país que puso la libertad, la igualdad y la fraternidad en el lema de su enseña y que canta el más hermoso himno nacional del mundo, La Marseillaise. Desconectada como esta de los cursos de las grandes razones, los cauces por los que discurren la ideas, las elucubraciones, los atrevimientos, las propuestas contraculturales o las revoluciones, por estar sumida en ese pozo desazonador de la crisis, esa manta de impotencia, pereza sin fin y temor ignorante que la aprisiona en sí misma, le hace dudar de casi todo y mirar de reojo todo aquello que a la luz de la realidad pueda parecer, más ligero, divertido, banal o intrascendente, convencida como esta que son tiempos graves y poco dados a las bromas y las ligerezas, comienza a no poder mas. Ve como las cosas se van poniendo peor y peor y no ve el momento de poder levantar la persiana, ahora que las cortinas están corridas. El aire se recalienta en interior de la vida cotidiana que a salvo como está de las contingencias globales, se afana en la resolución de las pequeñeces, procurando no perder la dignidad, que los demás no sepan cual es el límite propio, pues cada cual tiene el suyo y no se trata de una cuestión de orgullo, timidez o soberbia, es algo más antiguo que mantiene las persianas echadas ante la fachada vecina, se trata del respeto por el otro. Desde antiguo, en los pequeños pueblos de este país o en las ciudades históricas donde las fachadas a veces casi se tocan, las casas mantienen a salvo el suceso familiar, donde las apreturas son propias y las miserias se las come uno. Después puede uno salir como el buscón Don Pedro, con las dignas vestimentas remendadas, pero remendadas dignamente.

La gente, lleva mucho tiempo a cuestas con las cargas que a cada cual le ha colgado en los costales la situación económica y social que nos toca vivir. Son ya más de tres años en los que nos toca cada día, prácticamente, ir quitando un poquito de casi todo, remendando un poco mas y seguir renunciando a lo que aspirábamos, contentándonos con que las cosas que ya sabemos siguen yendo a peor irremisiblemente no nos arrastren con ellas, de forma que los bancos solo se sigan llevando cosas. Casas, coches, masters, motocicletas, tractores o cosechadoras, pero cosas al fin y al cabo.

Hace bastante que nuestro mundo diario se concentra en los asuntos de la supervivencia y aparta la vista de las preocupaciones que tienen que ver con las grandes cuestiones del pensamiento y la ciencia. Incluso esta misma parece haber entrado de manera natural en una dinámica igual de conservacionista. Tratar de preservar antes de erradicar. Aún así, las cosas grandes, los asuntos del futuro relacionados con las grandes cuestiones como la calidad democrática, la libertad individual, la dependencia financiera, la representatividad social, la soñada justicia real, etc. Siguen estando a nuestro alrededor como fantasmas, aguardando el instante en que podamos de nuevo acordarnos de ellas. Da la sensación como si hubieran desaparecido de la escena, como si se hubieran apartado motu propio para intentar no incordiar, no entrometerse en esta dinámica rutinaria salvacionista de la vida cotidiana. Las pequeñas cosas que nos mantienen con la testuz volcada a la mezquindad de la vida alimentaria.

La gente está en sí misma, concentrada en su respiración, pendiente de su pulso, al cabo de su temperatura y no especula más allá de la semana. El tiempo es una oportunidad con rostro carcelario que igual que promete encadena. Puede que nos queden más días de los que dicen para poder subir la persiana pero seguro que cuando lo hagamos sabremos que hemos sobrevivido y somos mejores. Seguro. Las grandes cuestiones seguirán estando ahí y ahí las encontraremos.

Aujourd`hui, fête de la liberté, egalité et fraternité. Fête de tout le monde.14 Juiliet