Los juicios mediáticos

LA GENTE UN DÍA, se descubre involucrada en una asunto que afecta al conjunto de la sociedad civil gravemente, por una parte por la ineludible presencia en el y por otra por aparecer como la responsable, de momento, puede que termine tomando el definitivo papel de culpable en la historia.

Desde las atalayas políticas se viene denunciando un fenómeno común al conjunto de las sociedades civiles del mundo desarrollado, de las cuales tenemos datos. De las otras, las, pre desarrolladas, apenas tenemos intuiciones y casi todas prejuiciadas. El tal asunto que le preocupa a la corriente bien pensada de la defensa civil es el papel de los medios de comunicación en los asuntos de los que informan. Algo, a pesar de muchos, en la línea de la famosa aseveración del genio de Massachusetts, el profesor Marshall Mac Luhan de que “El medio es el mensaje” y que tanta tinta dejo correr por los ríos de la investigación social, especialmente en comunicación. Al decir de las acusaciones, los medios de comunicación tienden a subvertir su papel de comunicadores para terminar por convertirse en auténticos tribunales que absuelven o condenan a las personas involucradas en las informaciones antes que lo hagan los tribunales de justicia, de forma que, cuando estos llegan a deliberar sobre el asunto, la opinión pública tiene un juicio formado y una resolución tomada, y así, los juristas se ven impelidos a derivar sus creencias para converger con la sentencia social dictada por la audiencia, lo que equivaldría a una operación de sustitución de poderes (el 3º por el 4º) que significaría una adulteración histórica del sistema democrático.

La primera reflexión es que todas las hechas en el párrafo anterior de este artículo deberían corregir el tiempo de sus verbos de forma que se sustituyera el potencial o condicional, pues lo que se supone que podría pasar, pasa cada día. La sociedad civil es informada con la celeridad periodística interesada de todos los aspectos de un determinado caso, a veces con mayor nivel de puntos de vista y profundidad que los legajos legales. A la sociedad civil le llegan los datos desde diferentes medios de diferentes clases y afinidades. Le llegan aproximaciones eruditas y chuscas, desde sesudas sesiones parlamentarias, procaces magazines viscerales y sesudos análisis de columnistas enterados. No vamos a citar, por prolija la lista de asuntos en los que el acusado llega al juicio, absuelto o condenado por el juicio social, enunciado a través de los medios. El último, el asunto de la SGAE. Los datos surgen de aquí y de allá y van dotando a quién los va atesorando desde los medios de una posición social sobre el asunto. Y más: Una posición legítima. Una posición, desde luego, alejada del espacio de la justicia y su normativa pero una posición, en todo caso, fundamentada y en tanto en cuanto, individuo entre los otros, parte integrante del sistema social. Una posición con fundamento. La gente tiene derecho a juzgar, en tanto en cuanto significa aplicar el juicio adquirido desde la información supuestamente libre, plural e independiente que le han dado los medios de comunicación. Queda en el aire la última consideración: Si de verdad, la información es tal cual la hemos considerado, aunque, finalmente, aun aceptando la información interesada de cada medio, la resultante de confrontar varios de ellos, da como resultado una versión posible, libre e independiente. La otra cosa sería determinar hasta qué punto el sentimiento social debe tenerse en cuenta por el sistema judicial y ahí me temo que habrá desacuerdo. Para mí está claro: La gente tiene derecho a hacerlo, expresarlo y tratar de influirlo. Faltaría más.

Dijo la voz popular que aunque se cierren los ojos, el criterio es lumbre. Julio