De “indignados” y “perroflautas”

LA GENTE UN DÍA, se percata en las correrías históricas actuales, de que es posible que estuviera descuidada con los asuntos de la telebasura, incluso, es posible que no sacara la nariz de la telebasura salvo para prestarle atención al vaivén dialéctico entre Camp Nou y Bernabeu y puede, en suma, que las cuitas del pobre José Ortega Cano, el maestro salido por la puerta grande de las ventas, ese mismo que hoy debate su vida entre colonoscopia y telediario le tuvieran abducido de las cuestiones de la calle. Pero lo dudo. A demasiada gente he oído que venían de llevar a los niños a ver a los “Indignados” como quien vuelve del jardín de los Pandas. No, cualquiera que respire este aire de pre verano que nos emboba ha sabido lo que se jugaba en la Puerta del Sol de Madrí como lo silban los cabales, o Madrit, como suelen pronunciar los catalanes, seguro que por joder.

La democracia que parecemos, a veces, más sufrir que disfrutar, se merece todos los zarandeos que sean necesarios a ver si es capaz de mejorarse a sí misma, de renovarse, de reinvertarse, si así fuera posible, de mejorar en suma, porque ¡Vive Dios! que lo necesitamos. Puede que efectivamente las circunstancias del país y su entorno, no sean tan solo una excusa para las entrevistas televisadas y puedan convertirse, una vez, conocidas, asumidas y tomadas en cuenta, en cuestiones a analizar y no a despreciar.

La acampada de Sol, vino a poner el evidencia que el sol que sale cada mañana no calienta lo mismo para todos, cosa que todo el mundo sabe, pero que está acostumbrado a que nadie diga. Todos los sistemas establecidos tienen su innovación asegurada desde fuera de sus límites y con muy poca probabilidad desde dentro de los mismos, cualquiera que haya estudiado algo de Conflicto Social y Conducta Desviada, lo sabe, de ahí la gran oportunidad que hemos tenido de ver llegar desde el otro lado de la norma el ímpetu preciso para mejorarla. Como siempre el asunto baila mejor con la ideología que con la praxis. Las ideas se exponen, se debaten, se cuestionan y se votan con suma facilidad, las gentes terminamos siendo, a poco que no empujen en un líder popular cualquiera. Eso sí, cuando se trata de ponerlas en práctica, el asunto empieza a enredarse y cuando logra salir de la maraña asamblearia se encuentra con los “perro flautas” que solo pretenden seguir tocando los bongós.

La cosa no se sabe cómo va a terminar, cuando lo pretendido es ya historia. Ahora toca la hora de los violentos y los que se indignan de dejar de ser indignados. De los que se quedan. O de los que se van de la ecuación Acción-Respeto, huyendo de cualquier posibilismo en función de todo lo ilegítimo como la gasolina que les permite o permitía mantener la Puerta del Sol con sonido de bongós las venticuatro.

Los parlamentarios catalanes han tenido que encontrar rodeos para llegar a fichar y el propio President, habla de “uso legítimo de la violencia”. Bien. Ahí querían llegar ellos y ahí he conseguido llegar yo mismo. Todo puede terminar en ese uso de la violencia desde el sistema, lo que tan exquisitamente ha evitado el renombrado Gallardón. La cosa está en violencia de uno y violencia de otro y de esa maravillosa manera, se abortará como siempre, o casi, el aire nuevo que viene de fuera y que necesitamos para airear los fétidos aromas de este sistema obsoleto, antiguo e injusto en que amenaza con convertirse esta democracia de usar y tirar, que sin duda nos merecemos.

No cabe tanto margen entre quejido y grito en la forma de los labios. Junio