Los cazadores a la escuela

LA GENTE, UN DÍA gira su vista a los colectivos que le habían pintado como indeseables y descubre que los que le habían dicho que eran despreciables le empiezan a decir que mejor lo piensan de nuevo visto el conocimiento mas cercano que se tiene de ellos. Eso pasa por ejemplo con los cazadores. Hace rato que en la Escuela Española de Caza de la Real Federación Española de Caza nos empeñamos en pasar la página de los dimes y diretes y nos pusimos a la tarea con la convicción de que el trabajo siempre da sus frutos y que las condecoraciones brillan mucho pero los hechos levantan puentes. Sabíamos que la sociedad civil pensaba que nacíamos para agrandar la eficacia del predador humano, para depurar su técnica de tiro, cultivar su olfato, proporcionarle más y mejores armas de matar animales salvajes. Y es cierto, pero no solo, ni fundamentalmente. Aunque es tan cierto que incluso, dentro del colectivo de cazadores, durante un tiempo solo se demandaban los cursos que dábamos que significaban un mejor aprovechamiento de la eficacia cazadora. Pero nosotros teníamos otra cosa en mente. Sabíamos que nuestro colectivo corría el grave riesgo de quedarse al otro lado de la falla infranqueable que se podía ir creando entre nosotros y los televidentes civiles. Sabíamos que conforme a la lógica perversa de los medios de comunicación, cada noticia nuestra en los medios generalistas siempre tenía posibilidades de ser “la peor noticia” y con ello, asegurarse la mayor difusión. Sabíamos que esa tendencia era difícil de invertir, pero necesitábamos que se conocieran los desesperados intentos de mejora de un colectivo desamparado, mal interpretado y sin sitio en la sociedad moderna, al que se veía como extraños en el paraíso, gentes a prohibir, superflua y venal, cuyo mejor destino era la decadencia y la desaparición.

Y por ahí empezamos. Empezamos a mostrar de que manera en cada cazador anida un naturalista, un ser que siente el medio que le rodea con la pasión de quien forma parte de el, sin la lejanía de quien lo observa tan solo. Nos pusimos a mejorar nuestras conductas en el campo, a mejorar nuestra acción haciéndola mas acorde con las preocupaciones generales que nunca, por cierto habían dejado de ser también las nuestras, pero que no habíamos sido capaces de contarlo y de que se reconociera. Así, desde la EEC comenzamos con nuestras iniciativas docentes y divulgativas a ayudar a alumbrar a este cazador de hoy, bien distinto del de antaño y aún diferente del que tiene que venir. El cazador conservacionista sí, pero el cazador que respeta y valora porque lo conoce en carne propia, el valor imprescindible del aprovechamiento de los recursos, los tradicionales y los novedosos. Nos pusimos frente a los dispendios gratuitos y las prohibiciones irresponsables, denunciamos a quien se pasó de la raya y expulsamos de nuestro seno a quien confundió la ética necesaria. Nos propusimos ayudar a que los cazadores del futuro fueran seres mas comprometidos con la conservación y la sostenibilidad y que fueran cada vez mas cultos y responsables, mejor formados.

Respiran los aires suspiros textuales y templados. Abril