Lo mejor de cada casa

LA GENTE, UN DÍA u otro, en cualquier momento, se topa con el dilema dentro de su propia casa, elegir a quien considera el mejor para ello o dejar que la cuestión se dilucide entre los que puedan considerarse candidatos al mejor. El asunto es mollar pues trata de cuestiones que tienen trascendencia.

Por un lado, se trataría de aplicar el criterio del que lo posee y elegir el sucesor entre quienes mejor pueden responder a la situación. La cuestión central se deposita en dos conceptos respetables. Por un lado alude al conocimiento de quien estando en el lugar donde están llamados a llegar los posibles, posee y se dispone a aplicar. Sin duda se trata de un procedimiento muy técnico y conocedor. Quien conoce, elige a quien conoce, lo que asegura que el criterio experto se aplica desde la mejor objetividad que es el saber. Por otro lado, se trataría de que la elección, sin duda deberá recaer entre quienes estén promocionados para ello. Los que durante el tiempo que les haya proporcionado la situación, hayan hecho los méritos suficientes como para haber llegado hasta los puestos significados de la lista. Lo elegidos. Todos los que esperan lo mismo. Lo que asegura una preselección exigente y clarificadora, de forma que quien elige no solo aplica el mejor criterio sino que además puede hacerlo a ojos cerrados, pues se podría decir que casi cualquiera valdría.

Por el otro lado, dejar que el conjunto de aquellos a los que atañe el asunto decida, plantea otra problemática. Por un lado asegura que cualquiera, el miembro más desconocido por la élite gobernante y menos considerado, puede aportar su conocimiento al asunto y elegir, aun en contra de la opinión experta de los dirigentes a quien desde su situación jerárquica en la organización le puede parecer mejor preparado. Suele pasar que quien dirige, se considera quien mejor puede conocer los caminos, suele verlos antes que los otros. Lo que pasa es que a veces, la experiencia propone una solución basada en la persistencia y no siempre acierta pues a veces se necesita lo contrario, una voz incontaminada y atrevida. Por otro lado, el elegido puede ser cualquiera. Alguien que el poder grupal no controle y que pueda parecer que aparece de pronto, de la nada o casi, a promocionarse, pero que suele ser alguien cuyo trabajo y desarrollo dentro de la organización, ha eludido la oficialidad, bien por decisión personal o por representar tendencias no necesariamente bien consideradas por la dirección.

El dilema está servido: ¿Quién es el mejor de cada casa? ¿Quién destaca en la luz de la élite o quién se prepara en la sombra de la misma? Existen argumentos de peso para las dos opciones y probablemente por eso, los politólogos se debaten en los artículos de opinión de los diarios al respecto. Cualquiera de las opciones es de justicia y al final, seguro que se trata de tomar la personal, aunque yo, que desconfío del poder y creo que su ejercicio es un seguro de perversión, no confío en quien manda porque creo que sin duda ha perdido la perspectiva y creo que quien espera entre quienes no se esperan es una solución más probable que cualquier otra. He dicho.

Días de pulso y tambor, antiguos y graves como el miedo. Abril