La sociedad civil está dormida, no la quieren despertar

LA GENTE, UN DÍA y otro, observa como a pesar de los vaivenes lógicos del asunto, sociedades civiles que daba por muertas o mejor dicho; que daba por no nacidas, sociedades que dejaban ver aún el pelo de la dehesa de las oligarquías medievales y las trazas que sus sucesivos sátrapas habían ido dejando tras de sí, bien rastros identificables como de sangre, de sudor, de mega monumentos a la victoria o mezquitas para decenas de miles de personas o aquellas consecuencias que no se pueden ver pero si medir, y que quedan en las actitudes sociales y que son rápidamente identificables en gentes que no conocían en sus carnes el estado de derecho sino el estado de los derechos de los otros y el de los deberes propios. Se levantan y luchan.

La sociedad civil norteafricana se nos ha revelado de pronto por encima de las trascendencias religiosas y a través de las angustiosas tradiciones. Y no parece, en sustancia, muy distinta de la sociedad civil europea. Reclaman las mismas cosas, reivindican los mismos logros y pelean por las mismas libertades. Se han jugado la vida, que algunos han perdido y con ello han conseguido que los supervivientes puedan ganar. Así de claro. Mientras, la crisis continúa acogotando a los países mediterráneos y mientras el paro no deja de subir, surgen algunas preguntas cuyas respuestas solo pueden buscarse desde estas atalayas, en la especulación: ¿Si el paro es el que es y las cifras son las que son? ¿Cómo es posible que no estemos en un clima pre revolucionario? ¿De dónde saca la gente las posibilidades de resistencia? ¿Y porque esa resistencia es callada, sufriente? ¿Dónde está la gente? ¿No se atreve a salir de su cueva por si hay francotiradores a la puerta y es peor el remedio? ¿Qué le ha sucedido a la sociedad civil de estos países como el nuestro, que no chista? ¿Por qué a sabiendas de que los bancos fueron los culpables del desastre y solo se habla de ayudas a ellos para que superen la crisis de la que son culpables, nadie reivindica ayuda para los tipos que pasan los lunes y los martes y los miércoles, etc. Al sol, si es que lo encuentran? Al margen de la huelga general que salió como salió a pesar del esfuerzo ímprobo que hicieron los agentes sociales, sobre todo los sindicatos, para que no fuera un fracaso estruendoso. Nada de nada.

Da la sensación que la sociedad civil europea y en particular la española, tiene ciertos temores para revolver el cubo de la inmundicia, por si le toca limpiarlo. Las medidas de la crisis bajan el sueldo de los funcionarios y quitan las ayudas a los parados de larga duración, mientras se mantiene las ayudas a las empresas y a las entidades financieras, como si nada. Ya sabemos que el dinero y el trabajo mueven el mundo, pero ¿Qué sucederá si al final del túnel solo queda dinero pero sigue sin haber trabajo?

La sociedad civil norteafricana, fundamentalmente, parece ser un espejo en el que esta nuestra rechaza mirarse, no se sabe si por suficiencia o por ignorancia. Da igual. Cualquiera de las dos vale para equivocarse.

Salvo la suerte y la muerte, apenas quedan cosas en que creer. Abril