Del éxito

LA GENTE, UN DÍA lee la crítica de espectáculos y ojea la lista de éxitos y se pregunta cómo se hace. Cuando el artista encuentra el éxito, adquiere la conciencia de haber llegado al final, de haber cumplido el viaje programado. Ve agotarse en el todo lo esperado y sabe que desde el éxito es la estación término. Desde el se espera tan solo la consolidación de lo creado, su explotación comercial posible y en un tiempo inexorable, la decadencia que emana la repetición de lo logrado, la monotonía de lo sucesivamente igual.

El famoso principio de Peter se cumple sin ambages, hasta llegar al éxito se ha experimentado con todos los recursos que se nos ha permitido elucubrar con el fin de acortar y asegurar el camino hacía el. Se ha desmentido el creador miles de veces de lo que pensaba vehículo seguro y ha esparcido su vista a su alrededor con el fin de buscar y la esperanza de encontrar señales suficientes y válidas para lograr el objetivo de tener éxito. Se ha fijado en lo que los demás de sus pares hacen mal, entendiendo por ello, con lo que no logran el éxito y ha desmenuzado nota a nota y palabra por palabra las canciones que han sido, que son, grandes éxitos en busca de su sistemática oculta. Puede incluso que, haya plagiado convenientemente el esquema exitoso de tal o cual autor y probablemente sufrido el fracaso consiguiente. Y de pronto, cuando suena la flauta y de pronto, una obra suya se sube a los miraderos del privilegio y se expande por la gente como una bendita peste, sabe que ha llegado el momento de cambiar de burra. Es una situación parecida al decir de los biólogos a la que se da con la llegada a la cúspide del grupo salvaje del denominado macho alfa. Si ha llegado es que con ello empieza su inexorable declive, nunca será igual que en el instante previo a ser el nº 1, desde que lo sea, cada día que pase, será siempre peor. Pues lo mismo pasa con las canciones, mejoran hasta que llegan.

El creador, se siente tentado a la explotación del éxito, a la rentabilización del esfuerzo logrado a recoger las mieles y puede que se deje vencer por la relajación y el halago, e incluso, puede que crea que es lo mejor que puede hacer, pero lo que realmente debería hacer es olvidarse lo antes posible de ello y ponerse a trabajar en otro proceso. El trabajo creativo no se nutre de milongas, está lleno de desconfianza, fracaso, angustia e inseguridad. Es volver a empezar con cada prototipo y volver a aprender todo de nuevo, en propia carne, sin paliativos, aceptando que cada vez parece haberse olvidado todo.

El éxito como estación término es la señal de que puede ser posible de nuevo y esa es la esperanza cierta que anima a reanudar el proceso desde cero, otra vez la página en blanco, de nuevo el papel pautado con los espacios y las líneas vírgenes. Otra vez todo.

Los ojos de los otros son flechas que hieren o salvan. Marzo