La hora de la tolerancia (o Toledancia)

LA GENTE, UN DÍA vuelve a mirarse los libros de historia como quien repasa el examen. Vuelve a poner los codos en el pupitre y lee de nuevo el pasaje en el que el historiador de turno describía la situación en Toledo, la capital del Imperio cuando era un quesito del caserío en tres porciones, la judía, la cristiana y la musulmana. El historiador que no ahorraba detalle, nos hablaba de un tiempo en el que en la ciudad, las tres religiones monoteístas y por ello excluyentes por naturaleza, pues ninguna acepta otro Dios que el suyo, que es el único verdadero, se toleraban de tal modo que, promovían que surgieran lugares comunes como la célebre Escuela de Traductores. La que logró desasnar Europa primero y el Mundo después, consiguiendo que por todo el orbe se pudiera leer a Platón, en tres idiomas.

La gente vuelve los ojos a esos pasajes históricos que hablan de una gente que parece mejor que esta. Es verdad que duda si aquella famosa tolerancia no se sustentaba en un anterior y prolongado baño de sangre del que quedaron ahítos y exhaustos y por ello se pusieron a comer mazapán todos juntos. La gente observa a su alrededor y no logra ver a las tres religiones ponerse a comer mazapán. Todo lo contrario, también está ahíta de leer los asaltos a las mezquitas en tierras judías, las voladuras de las sinagogas en tierras cristianas o los asesinatos a la salida de misa en tierras musulmanas. Asesinatos todos ellos en el nombre del señor, del señor de cada uno, por supuesto. Tan es así que la noticia del conteo del referéndum de secesión de Sudán del Sur que arroja un porcentaje peligrosamente cercano al 100% del referéndum de la paz, aquel que significó el principio del fin del franquismo, observada atenta y escrupulosamente, la noticia, no es buena noticia. Tras un montón de años de guerras salvajes entre el sur animista y cristiano y el norte musulmán, la solución encontrada es la partición del país en dos. Dos países que se vigilarán a partir de ahora por encima de los puntos de mira de sus ejércitos y al menor mosqueo, se liarán de nuevo a bombazos. Eso sí, cada uno con su bandera.

Es verdad que por otro lado y bien cerca, por cierto, en la Plaza Tahrir en El Cairo, igual se celebra una misa que se reza cuantas veces al día sea preciso mirando a la meca. Las fotos mezclan gentes genuflexas tocando con su frente el suelo rodeados por otros miles con los niños sobre los hombros y una bandera blanca en la mano. Los corresponsales nos cuentan con asombro un ambiente en donde parece que cada manifestante está empeñado en ser más un ideal de si mismo que él mismo. El ambiente revolucionario, laico, tolerante, educado, limpio y permisivo recuerda aquellos momentos históricos en los que los creyentes creían merecer un pedazo de cielo en este valle de lágrimas.

¿Dónde estará el futuro más incierto en Yuba o en El Cairo? Nadie lo sabe, al menos aún no se sabe, pero convendría no dejar de recordar a Toledo aquel faro de tolerancia, de resistencia cívica, que dejaba hacer a los Dioses de cada cual la guerra celestial, mientras ellos soñaban.

Rostros sin rasgos, voces sin ecos, sueños de todos. Febrero