Auge del estereotipo

LA GENTE, UN DÍA, sopesa las cosas que oye, las que le cuentan, y encuentra que siguen dándole cuentas de colores, trozos de espejitos y botellas medio vacías de liquido mortal. Se ve a si misma en el centro de la vida social, no tiene mas que salir a la calle. El tema es que en cuanto cambia la calle por la representación de esta, sea en el seno de la sociedad política, el de la judicial o el de los medios de comunicación, de pronto no se ve en el mismo lugar, le han birlado el sitio y sin haberse llegado a Sevilla le han desmontado su plaza y desplazado del centro del corro a algún extremo por el que puedan llegarle algunos ecos, mientras las voces se le ocultan, callan y escamotean.

La gente se alimenta de si misma con una fecundidad asombrosa, como es vieja, poliédrica, tumultuosa y social, en sus roces con los otros, se va aplicando el cuento y construye niveles de interpretación simbólica que adopta de inmediato en cuanto ve que le pueden servir para defenderse mejor de las sociedades que no son civiles. La gente sabe cuando le dan gato por liebre casi siempre, otra cosa es que lo deje correr, bien por eficacia y economía de esfuerzo o bien porque no piense en absoluto hacer caso de lo que sea. La gente se sabe de memoria que siendo el objeto social primordial, la pléyade de aprovechados que pululan por ella, se apostan tras las cortinas con el puñal en la mano dispuestos a la puñalada trapera a la primera oportunidad, sin la menor contemplación, por usar un par de frases hechas a la vez.

A la gente le atacan con una comunicación tan domesticada que confunde cualquier sintetizacion con la mas burda simplicidad. Y son dos cosas tan distintas que no se han mirado nunca a la cara. Sintetizar es loable y necesario, máxime en un mundo tan hiper comunicado como el que vivimos, sin un esfuerzo por condensar el significado, estaríamos siempre perdidos por los discursos durante tanto tiempo que cuando llegáramos al fondo de la cuestión, nos encontraríamos que esta se nos ha olvidado. Es una obligación y una cortesía.

Simplificar es otra cosa, no se trata de condensar contenido sino de rebajar sentido, construir el estereotipo, obviar las operaciones lógicas complejas y sustituirlas por otras que parecen significar lo mismo pero que no alcanzan a decirlo. Toda simplificación por tanto es un fraude, una engañifa. “Por simplificar” nos cuentan de la misa la media y a la vez, nos ocultan lo que precisamos y nos atiborran de lo que nos sobra.

A la gente, le viene bien un cuartel cuando le proponen que se pronuncie, y agradece que quien pueda, le sintetice el asunto para poder verlo en menos hojas, pero cuando le simplifican el tema, lo desvirtúan, lo disfrazan y lo manejan torticeramente. No es baladí que casi siempre, las simplificaciones vengan de donde hay interés en que no leamos la letra pequeña y acabemos rápido para firmar en el espacio en blanco, precisamente. Porque casi todo puede sintetizarse pero pocas cosas pueden ser mas simples que cuando lo son en su realidad mas completa.

Se fajan los suspiros y la impotencia en un pedazo de pan. Noviembre.