La dictadura del canon corporal

LA GENTE, UN DÍA, sonríe cuando se acuerda de las diabluras que se pasaron en los momentos de su vida en los que aceptó el canon del cuerpo perfecto y decidió apretarse las cintas del corsé o aceptar la pócima de hierbas milagrosas o, simplemente, lo que quiere decir, dificultosamente, decidió dejar de comer por el tiempo que fuere.

Los cánones se han repartido con gratuidad desde los tiempos históricos, puede que antes incluso, cuando los neandertales y antes incluso los antecesor embadurnaban las paredes de la cueva con pigmentos ferruginosos o tallaban con la punta de silex la correspondiente virgen en el hueso. Puede que entonces las bellezas prehistóricas representadas se vieran demasiado gordas para la imagen y pensaran en comer menos.

Es curioso pero la preocupación por la figura es anterior a la época de exceso alimentario, es decir el momento en el que el ser humano ha tenido a su disposición más cantidad de comida que la necesaria para su pervivencia. Aún antes, las imágenes que devolvían las estatuas de la Vía Apia, ya ponían ante las cuerdas a las matronas romanas, de hecho, Marcus Gavius Apicius en el recetario que escribió en el siglo I apunta diferentes modos de evitar la ingesta de elementos culinarios que engordan.

La vida del hombre durante tantos millones de años previos, como la de sus homólogos animales se había regido por la regla sin excepción de comer cuando fuera posible, todo lo que fuera posible. Nunca se podía prever cuando aquello pudiera volver a darse, la reserva de grasa para sustentar el cuerpo en las épocas de escasez de comida y bajas temperaturas era un seguro de vida, pero claro era cuando nos mirábamos en la superficie del lago y solo veíamos otro animal reflejado en nuestro rostro.

De igual modo que las estatuas romanas, los programas de TV. Nos remiten la imagen de cuerpos humanos idealizados, travestidos de cotidianos, así, una cajera de Eroski de Eibar se mira en el espejo de Lindsay Logan y quiere tener su cuerpo cueste lo que cueste aunque no le pueda meter las ocho horas diarias que le mete aquella al gimnasio. Lo saben bien los hoteleros, hoy es imposible esperar reservas si el hotel no tiene Spa o está anticuado. Es la primera pregunta que se hace cuando se cumplimenta una reserva según una encuesta del sector. No si el restaurante es bueno o si la terraza es amplia o si se trata de una habitación con vistas. Lo importante es si tiene Spa.

Se dirá que cualquier intento de mantener una actividad sana y una alimentación equilibrada es bienvenido, dada la plaga de obesos que tenemos, y estaremos de acuerdo. Aunque visitando la esplendorosa exposición de los Rubens del Prado salta a la vista que los cánones no fueron siempre iguales y que la belleza además de a la moda ha estado atada a la mirada humana y que esta, es verdad que depende mucho de aquella, pero también es cierto que no podemos yuntar estética y salud, solo porque tengamos cien canales de televisión digital terrestre y haya que programarlos. Los cánones son como los machos alfa, una vez han llegado a serlo, deben dejar de serlo.

No es posible limitar el tiempo y sin embargo lo contamos. Noviembre.