El cuchillo de palo del Herrero

LA GENTE, UN DÍA, cavila como tiene costumbre, sobre las cosas propias, muchas de las cuales están recogidas con primor en los refraneros, y entre dimes y diretes, a poco que se asome, descubre jugosas comparaciones y llamativas semejanzas y diferencias con su vida como para entretener el caletre y cavilar, o sea, pensar con detenimiento sobre algo.

Muchos de los dichos y perdón por la cacofonía, parecen estar destinados a ser escritos pasado mañana y resisten el paso de sociedad civil tras sociedad civil, guerras y paz, terremotos, pandemias y desastres históricos varios manteniendo la vigencia de su contenido en su totalidad, tanto da si se enunció en el siglo XI, cuando todas las mujeres de todas las religiones llevaban la cabeza cubierta o si es fruto de la ilustración global multimedia. Son muchos de ellos, por no decir casi todos, enunciados estadísticos confrontados con el paso del tiempo, de forma que han superado la prueba del 9 varias veces y con mayor nota que esa.

Viene esta cavilación a cuento por la forma en que uno, en un mismo medio de comunicación moderno, se topa con el mismo dicho vigente de nuevo como si nada hubiera cambiado desde que el hombre inventó la fragua. Y de eso viene precisamente. Leo una entrevista al mago de la jardinería moderna, un inglés de nombre Paul Burgess que es el jefazo del césped del estadio Santiago Bernabeu y que a decir de los que chanelan de esto, ha conseguido un auténtico milagro. El tipo viene del Arsenal y confiesa que adorando el jamón de pata negra, echa de menos su casita de Inglaterra, donde, ¡Oh asombro! Plantó en su jardín césped artificial con el fin de no currar más después del curro. Una decisión compleja de admitir.

En el mismo periódico en los obituarios, se da razón de la muerte del arqueólogo Ehud Netzer, descubridor de Herodion, los fabulosos palacios de Herodes, donde encontró su tumba y su propia muerte al apoyarse en una barandilla mal fijada y caer al vacío. Recuerdo al gran cazador profesional, Ruy Pereyra que había abatido más de 14.000 búfalos y fue muerto por una cría de estos.

En casa del herrero, cuchillo de palo, reza el dicho y que razón tiene. Cualquiera de nosotros hemos sido alguna vez un Paul Burgess cualquiera, de forma que nos hemos arrepentido de nosotros mismos, recreando en algún rincón de nuestra existencia otro que se parece a nosotros pero que se comporta de manera contraria a como nos comportamos nosotros. El hombre parece que insiste en el error y decide darse vacaciones del mismo, inventándose lo contrario. ¡Que curiosidad tan grande! Pasar de dedicar toda la vida a perfeccionarnos en un quehacer para, en cuanto tenemos ocasión, renegar de ello. No se en realidad a que echarle la culpa del asunto pero como soy rebelde, me cuesta admitir sin mas que el famoso dicho tenga razón y punto.

Mientras, la gente sigue sin preguntar su camino a quien lo conoce pues como dice el proverbio Yiddish, podría extraviarse.

Los recuerdos ajustan cuentas como monjes tumultuarios. Noviembre