¡Es la guerra!

LA GENTE, UN DÍA, cualquier día, en el tempo histórico que deseemos auscultar, se enfrenta entre si con la violencia desatada tras la expectativa, no la violencia personal derivada de una situación de conflicto entre gentes que no encuentra salida y que va violentándose hasta que deriva en un enfrentamiento físico entre los elementos que planteaban el conflicto convirtiéndolos en contrincantes. La violencia personal siempre desciende de la psiquis y por ello tan atada está a las condiciones psicológicas del individuo como a las circunstancias del conflicto.

La gente, desde que se la llamaba gleba, se ha visto enfrentada entre sí buscándose mutuamente la muerte al formar parte de la partida entre intereses de los poderosos, llámense estos monarcas absolutos o presidentes constitucionales, derive su poder del ámbito económico, político, o revolucionario o profesional. Las gentes entonces son enroladas para desarrollar la guerra con los contrarios batiéndose en nombre impropio y convirtiéndose en el brazo ejecutor de sus mandatarios. Da igual que la guerra la establezcan los cárteles de la droga que el ejército nacional.

En la guerra todo vale. Nos lo han repetido desde la niñez, inculcándonos una preventiva complacencia con las brutalidades de la guerra. Incluso, cuando se trata de exculpar la barbarie, se apela a la convicción de que en los dos bandos se cometieron tropelías de igual medida. Que todo vale quiere en el fondo decir que vale también lo que no debería valer, es decir; lo que está fuera de las normas guerreras. Tras la guerra del 14 se prohibieron las armas químicas, aunque siguieron siendo utilizadas fuera de la guerra. Tanto es así, que todo vale, que la frase que titula este texto es una frase popular para anunciar la desmesura, sea del carácter que sea y generalmente es continuada por aquella de ¡más madera!

Todas las guerras se han desarrollado en los dos planos, el plano oficial, donde los prisioneros de guerra se acogen al Tratado de Ginebra y el plano en el que se ajusticia masas enteras de civiles para evitar traspiés. Todas las guerras dejan tras de si un rastro de violencia desmedida y vil, no sujeta a ninguna de las precauciones internacionales para preservar la dignidad humana, todas ellas, dejan fosas desconocidas donde se oculta el asesinato militar. En todas las guerras por tanto se hace imprescindible esa práctica denominada curiosamente guerra sucia, como si hubiera una limpia. En todas las contiendas se tiende a echar tierra sobre los actos de violencia cometidos en la sentina de la violencia oficial y se justifica por la demencia personal desatada en el soldado que no logra cerrar el grifo de su inquina. Da igual. Todas las tumbas terminan por ser descubiertas y en estos tiempos, todas las fotos, los documentos, las pruebas en definitiva de la guerra oculta, terminan por ser depositados en la red. Wikileaks, actúa como un eco imprescindible para el gobierno norteamericano que necesita silenciar su barbarie planificada en Irak. Pero es igual. Se sabrá todo, aunque es posible que los culpables sigan sentándose a los mandos.

Todos los pájaros miran hacia abajo cegados por la mirada del hombre. Octubre.