29-S: Problemas de familia

Sospechas fundadas

LA GENTE, UN DÍA, de pronto, reconoce que el espacio donde se escenifican los problemas de verdad, no es en el trabajo, ni en el fútbol, ni en el Parlamento, ni siquiera en la cuenta corriente. El combate del horror se libra en la familia. Ninguna discusión o desavenencia alcanza mayor nivel de virulencia ni deviene en peores consecuencias que las familiares. De hecho, no conozco ninguna familia en la que algún miembro no le haya negado la palabra a algún otro en algún momento de la vida. Se dirá que casi siempre es por cuestiones económicas, de herencia y cosas así, pero no, los problemas de familia derivan de la mas pequeña discusión en encarnizadas, virulentas y eternas batallas campales.

Ayer, aunque se escenificó la cuestión de la huelga general en cualquier espacio público y en menor medida en lo privado, en realidad, se estaba dilucidando el problema familiar en la izquierda del país, la cuestión es un problema familiar entre los sindicatos de clase y el Partido Socialista Obrero Español, familiares que como en todos los casos, se han ido distanciando según iban madurando y según los tiempos iban desquiciando la ideología, descomponiéndola en mosaicos de iniciativas parlamentarias por un lado y de movilización popular por otro. Es curioso que ambas sensibilidades hayan perdido fuelle por el mismo lugar. El PSOE en su deriva socialdemócrata desde aquellas famosas imágenes en las que Alfonso Guerra cantaba la gloriosa Internacional con el brazo en alto y Felipe González se mantenía impertérrito, como escondiendo el habano, con los labios sellados y el semblante desaprobador y los sindicatos de clase desde el jersey carcelario de cremallera de Marcelino Camacho que copiamos desde otras filas revolucionarias cuando nos tocó estar en el trullo hasta esta clientela profesional de hoy que aún mantiene conciencia de clase a pesar de haberla abandonado hace lustros.

Ya se sabe que los problemas familiares no tienen enmienda y que todo queda con seguridad en un mutuo expositor de la mejor colección de reproches más o menos subidos de tono. Y también se sabe que en líneas generales, la sangre no llega al río, porque viaja por las venas de los contendientes y salvo que fueran hemofílicos, no es probable que se vierta. De igual manera en el catálogo de razones, motivos y consecuencias, en la convocatoria de esta huelga general, bien distinta, por cierto de la del 88, se asoman posicionamientos teatrales, mas escénicos que textuales, más de cara a la compostura del personaje que al texto del mismo.

Llama la atención la consideración general de las posturas entre sindicalistas y militantes y si uno se para a pensar, le cuesta recordar una mala palabra. Quien haya vivido una huelga general de verdad, sabe que los muertos rondan y las cargas policiales y las detenciones tras los golpes, son inevitables. ¿De dónde viene este ‘Fair Play’?

¿Se puede amañar una huelga general? ¿Hay un pacto previo para que las aguas no de desborden? ¿Dónde están los piquetes informativos dando palos? ¿En nombre de qué derechos se respetan todos entre si? ¿Será que estamos en Noruega, o es que esto también está amañado? ¿Qué dicen Marcelino Camacho y Nicolás Redondo? Temblad. Temblad.

Se arrodillan las ventanas por las que saltábamos en Coslada 1965. Septiembre.