La confluencia ideológica

LA GENTE, UN DÍA, es convocada a las urnas aunque no sea inmediatamente. Cada vez con más frecuencia se adelanta la praxis electoral. Es lógico. Las cosas han cambiado mucho desde la época en que se conformaban los partidos políticos. La maquinaria electoral se ha consolidado como el sistema en si, por delante de otros condicionantes previos que debían ser el sustento ético y racional del mismo. Puede que al principio de la implementación de los sistemas democráticos, la cuestión electoral residiera en el colofón de la conducta democrática, la solución al dilema partidista y, desde luego, la máxima expresión del propio sistema. Sigue siéndolo. Representa con igual exactitud la vigencia de los valores de derechos y deberes como antes, pero ha descarrilado del sistema, se ha salido de la conducta y se ha transformado en un per se que cada vez menos es una expresión como cada vez mas es una estrategia. Me explico:

El partido político nace como representación del común de individuos que comparten una ideología y que sintiéndose representados en los estatutos del partido, se afilian, en un acto de reivindicación del poder de sus ideas políticas y en un acto de conformación de un contenedor de representación donde mejorar y superar la acción política individual. El partido político así, no representa una ideología, sino a los individuos que comparten esa ideología. Pero hete aquí que el sistema de representación se consolida y el partido político comienza a dejar de ser un contenedor para convertirse en un reclamo para convencer al individuo de las bondades de afiliarse o en su defecto, votar por el, dada la cuota de poder que dice poder alcanzar. Las tornas se cambian y en esa praxis de carácter proselitista y si hacemos caso a los mecanismos utilizados en su propaganda, de carácter cada vez mas comercial, la lucha se plantea en términos de gestión estratégica de la maquinaria electoralista.

De la misma forma que el papel de la ideología amarillea, el papel de los estrategias comunicológicas en busca del voto se agranda y profundiza, así, las maquinarias de los partidos políticos se desideologizan en la misma medida que el individuo que les dio ser. Curiosa contradicción. Y la resultante es que al individuo, le cuesta cada vez más discernir las diferencias en los discursos de los políticos, pero aún más le es costoso diferenciar en las políticas de hecho. Así, a veces se encuentra con partidos conservadores que se abrogan políticas de socialdemocracia y partidos de filiación progresista que firman manifiestos de carácter conservador. A la vez, ve como políticos creyentes y practicantes fervorosos son candidatos de partidos laicos y al contrario. La confusión está servida.

Las consecuencias son del todo lógicas: el número de indecisos crece cada vez más y eso solo hace que excitar cada vez más a las maquinarias encargadas de captar votos. La pescadilla se gira peligrosamente hacia atrás. Ahí creo que está la estrategia de los partidos políticos: Cuanta menos gente tenga ideología mejor podrán se utilizados. Por eso cada vez se parecen mas, se diferencian menos. Confluyen.

Dos o tres frases ramonean la nada en busca de ideas. Septiembre.