Descrédito universitario

LA GENTE, UN DÍA, empieza a oír hablar de reformas educativas, del llamado Plan Bolonia, y otras cosas y a la vez oye de boca de los expertos gurús de la crisis que la salida por la que debe llegar el porvenir no es la recuperación del ladrillo, ni el freno a la deslocalización, ni la contención del déficit público, ni siquiera la vuelta a la confianza de los mercados especulativos financieros sobre la deuda pública española. No, nada de eso, todo eso está bien, pero lo principal será el modo en el que se gestione en el futuro el principal activo moderno de un país que es la educación. Conoce porque se lo dicen los que saben, que del éxito del sistema educativo español dependerá buena parte del futuro del país, de los listos y los pobres, los perezosos y emprendedores, los bien formados y los analfabetos que aún quedan. De todos.

La gente es una máquina perfecta de interpretación de los síntomas sociales y una asombrosa conocedora de los entresijos y enjuagues en los que los medios de comunicación, sobre todo los de masas, que son los que importan, nos meten cada tres al cuarto en función del devenir de sus propios intereses. Lo que sucede es que a los políticos les cuesta interpretar a la gente y no se fían de ella, se fían de sus manifestaciones públicas una vez que son expresas como su comportamiento electoral etc. pero, insisto, no se fían de ella, la prueba es que en cuanto pueden, prescinden de ella o al menos, lo intentan. Pues bien, la gente ante esa idea madre de la preocupación por el sistema educativo, interpreta como un gesto positivo que se ponga a un panadero a hacer pan y de entrada les parece bien que el profesor Ángel Gabilondo, sabio investigador y extraordinario comunicador se ponga al frente del Ministerio de Educación y deposita sus esperanzas en ello. Este lo arreglará, dice la gente.

Tras eso, asiste a las maniobras de los políticos por seguir mangoneando en el cajón de la caja registradora de la educación. La gente ya sabe que los políticos tienen su software preparado para que dure una legislatura o dos a los sumo y por ello saben que la educación es un tema que no les interesa, dado que es un asunto a largo plazo, como el vino o la genética, deben pasar generaciones para que se puedan evaluar las actuaciones en el trasvase del conocimiento reglado. Y como siempre pasa, el entusiasmo va decayendo y la gente ve cada vez con mas asiduidad al profesor Gabilondo dando excusas sobre su empeño cada vez mas lastrado por la maniobra torticera y cegata. Y la gente se desespera porque conoce además que el grueso de la gestión del sistema educativo es una competencia transferida al control autonómico, en donde está sufriendo la exacta enfermedad de las cajas de ahorros que no paran de petar, una tras otra.

¿Y cuál es la actualidad de nuestro sistema educativo, al menos del sistema universitario? Pues que en el famoso ranking de Shangai, por ejemplo, la primera universidad española aparece en el puesto 201, que en el intervalo hasta el puesto 300 solo aparecen otras tres y que, apenas 10 universidades españolas se colocan entre las primeras 500. Y este curso comienza el Plan Bolonia, y a juicio de este humilde profesor titular, el tufillo sigue siendo rancio. Y así no se va a ningún lado.

Vuelven los párpados a cerrarse en falso ante el alba escurridiza. Septiembre.