La vejez desprotegida

LA GENTE, UN DÍA, empieza a verse de manera distinta a como viene viéndose, descubre que la dinámica de sus constantes vitales tanto físicas como psicológicas, cambian de resultado, y ve como la madurez en la que se encontraba comienza a dar síntomas diferentes que poco a poco van definiendo un futuro avistable que no se esperaba tan pronto, nunca se espera tan pronto por tarde que sea, y se da cuenta que aunque de manera tímida al principio y más decidida, más rápidamente, la vejez se aproxima de manera inexorable y vertiginosa inundándolo todo de manera contundente, sorpresiva y definitiva.

A la sociedad civil le duele detenerse a considerar algunas cosas y a las gentes no les gusta hablar de cosas desagradables según la expresión popular. Es una cuestión de cultura. El hombre mira al futuro, siempre hacia delante, porque es lo que le han enseñado, para lo que se ha preparado. Lo que sucede es que el futuro no es ilimitado, más bien al contrario. Dicen que fue Charles Chaplin quien preguntado al final de su carrera sobre el papel que interpretó en su último film, La condesa de Hong Kong, y reflexionando sobre el oficio de actor, dijo que lo único seguro en ese oficio (y en todos los demás), era que se empezaba en el haciendo de camarero joven y se terminaba haciendo de camarero viejo. Al margen quedaban las cumbres a las que se hubiera podido llegar en el desarrollo de la profesión. De igual manera, el ser humano comienza en una infancia desprotegida para terminar en una vejez igualmente desprovista de protección.

A la gente le cuesta hablar de la vejez porque detrás de esta ronda La Parca y el mundo civilizado ha construido una cultura de la vida olvidando los orígenes chamánicos del culto a la muerte. Apenas queda de ello la hermosa cultura mexicana, donde La Chingada oficia de reina de la vida. No, a la gente no le gusta la vejez, le cuesta mirarle a la cara y le son menos soportables los esfuerzos que deben hacer por ella, la gente se apunta a toda ayuda y protección a los recién nacidos porque son el futuro y reniega y se excusa en la ayuda a los ancianos porque el final de la vida ya está en ellos.

La desprotección de la infancia, por ello, goza del mejor de los medios que es la voluntad. Todo el mundo quiere ayudar, mientras, la desprotección de la vejez, de la ancianidad esta en un corredor cada vez mas oscuro, triste y desangelado poblado de olor a orina, pañales de adulto desechados, bacinillas, y mesillas atiborradas de medicamentos paliativos e inútiles. Demasiado frecuentemente leemos noticias relativas a la desprotección de la vejez: Malos tratos, estafas, e incluso muerte para seguir cobrando ilegalmente una exigua pensión. Malos tratos en Residencias y Hospitales, pero también malos tratos en el seno familiar. Hijos que maltratan a sus mayores al borde del estorbo.

La ley de dependencia debe ser un código que aunque tardíamente venga a poner orden, al menos de manera legal en este mundo desprotegido en el que el que se está yendo se ve empujado al borde de la vida sin miramientos. ¡Maldita sea!

Se apagan lo ojos como bujías aventadas por los sueños perdidos. Septiembre.