Coordínate y disfruta

La gente, un día, abre el correo electrónico y se percata de que tiene ciento veinte invitaciones a grupos y un par de docenas de invitaciones a eventos e iniciativas. Las redes sociales se han convertido en la plaza del pueblo y sus bancos son los muros de los participantes, donde además, se expresan las gentes tras sus fotos de perfil que bien puede ser la de su perro o la de su hija, da igual, lo importante es la calidad del foro y las posibilidades de coordinación. Ayer mismo, un amigo empeñado en organizar la reunión de 40 años de su promoción colegial, reconocía que le ha resultado jauja. Tan solo hubo de meter los nombres de sus compañeros de clase en Twiter y Facebook y listo. Todos avisados.

Los sociólogos (ya lo hemos dicho) siempre estamos sorprendidos por las cosas de la sociedad, la capacidad que esta tiene de sorprender a quien la estudia, a quien no se fía de ella, a quien vive pendiente de ella, es infinita. Cuando tras la aldea global, anduvimos tras el RobinsonCrusoe.net, ya sabíamos que lo que viniera después, nos sorprendería, puede que por exceso de confianza y puede que por defecto de desconfianza.

El hecho es que cuando pudimos fijarnos en las redes sociales nos parecieron menos viables que otras iniciativas y abocadas a remitirse a las instancias lúdicas y aunque el tiempo nos ha dado la razón, en parte, también nos ha sobrepasado y desde las alternativas de ocio, hemos pasado a los flashmobs sociales e incluso políticas. Los colectivos instantáneos que empezaron a citarse para bailar juntos en una esquina cada cual con sus auriculares conectados a la misma canción y que sorprendieron con aquella discoteca en silencio, se han convertido en un sin fin de convocatorias de cada vez mayor calado social, reivindicativo o directamente político que inauguro el famoso 14M, que nos trajo un vuelco de gobierno.

Es curioso como la individualidad se esfuerza en buscar su propia trascendencia y derivar en actividad social y lo que empezó en la conciencia termina en el foro. El placer o la determinación de coordinarse con otros en iniciativas que van desde hacerse fan del color marrón a unirte al movimiento por el ADN de tu apellido ya no es una extravagancia como acertaba a decir Enrique  Dans en un artículo, la coordinación por impulso de la que hablaba es un motor mucho mas potente de lo que casi todos habíamos pensado y trasciende cada vez con mas ahínco de la diversión, aunque comenzara por ella.

La frontera entre el ocio y todo lo demás, se difumina y esquiva y sus límites, sus marcas, ya no están tan claras como antes. Aquella primera intención de la flashmob de unir un grupo de personas, casi siempre jóvenes a ponerse de acuerdo en una actividad conjunta a realizar con orden, se ha convertido en el foro donde a modo de cardumen, se pueden levantar iniciativas militantes contra la lapidación, la pena de muerte, el chapapote chino o cualquier otra que se nos ocurra. ¿Significa esto que el individuo informatizado esta buscando una vuelta a lo social? Puede, pero lo que es seguro, es que, en tanto, se coordina y disfruta.

Se mueven solidarias las horas como las alas de los pájaros. Al unísono. Agosto