El poder del perro

La gente, un día, cae en la cuenta de cosas que rondan por la actualidad igual de volanderas que otras pero que en cuanto las hincas el diente de verdad, sale jugo abundante. Son cosas, muchas de ellas al menos, que no han permanecido ocultas tras los titulares, en páginas pares y como faldón, no son cosas tampoco de esas que disfrazan su importancia en titulares poco llamativos, de esos que en estas fechas, los columnistas de prensa, husmean por la actualidad como los zorros en los gallineros o las garduñas en los palomares. Son cosas que han estado en primera línea de fuego de actualidad y que llevan ahí mucho tiempo, y por eso, por persistencia, las tenemos digeridas a diario y sin dejar de tenerlas presentes, tenemos la sensación de dejá vú que no reclama nuestra consideración y algunas de ellas son auténticamente sobrecogedoras.

México, soporta desde siempre por su condición de subordinado fronterizo del imperio, un montón de características sociales que no sufriría si fuera con Brasil su frontera, por poner un ejemplo, pero estar al otro lado de la meca económica y social que son los Estados Unidos, impone sus condiciones y grava la vida de manera definitiva. Una de las fuerzas de mayor presión, de definitiva influencia, de grave condicionamiento es el poder del perro, emulando el título de la gran novela de Don Wislow sobre el mismo asunto. El perro, la droga, es el gran perversor de la sociedad mexicana, sobre todo, de la sociedad norteña. En los últimos tres años, ha causado el narcotráfico 25.000 muertos. Sólo en 2010, más de 7.000. Y son muchos muertos, incluso para México.

El perro llena de plata los bolsillos y las balas como en la tremenda narconovela Balas de plata, de Elmer Mendoza. La sociedad norteña mexicana se ha acostumbrado a descubrir que los excesos escalofriantes, los detalles escabrosos, la muerte desordenada y caprichosa puede alcanzar a cualquiera y de cualquier forma. No hace una semana se descubrió que los sicarios que cercaron una fiesta juvenil y en la que causaron 17muertos a balazos, mas de 200, e hirieron a otras 18 personas, eran reclusos de un penal próximo a quien las autoridades del mismo, dejaron salir y proveyeron de vehículos y armas para que cometieran la tropelía y volvieran de nuevo a buen recaudo a sus celdas como en una pésima secuencia de una mala telenovela, con la coartada arreglada. Esa raza les dio piso por encargo del perro. El mismo perro que tenía en nómina a las autoridades penales.

El perro envenena por igual la sangre de las venas norteamericanas en donde se vende que la conciencia de la juventud de Sinaloa o baja California, esa gente que ve a los narcos pasear sus Hummers, amarillas repletas de menores despelotadas y borrachas, sentadas en las rodillas de su perdición que gasta sombrero vaquero y botas verdes de avestruz y de vez en cuando, si considera que no ha sido convenientemente ensalzado en alguno de los miles de narcocorridos, manda darle piso al cantante y listo.

México tiene por delante un reto formidable, de características ciclópeas, máxime, teniendo en cuenta que es la bestia sedienta y dependiente del otro lado la causante de la demanda. Pero debe acudir a lo mejor de su histórico coraje, si no, a no tardar mucho veremos en Los Pinos, en vez de Guardia Nacional, un enjambre de sicarios con cuernos de chivo dispuestos a mandar a quien les manden a la mera mera.

Se ponen a cubierto las estrellas en un cielo de mariachis absortos. Agosto