La historia de los vencidos

LA GENTE, UN DÍA, descubre en el fondo de un baúl, un montón de papeles amarillentos atados con una ajada cinta, el convoluto, puede que dormido en el regazo del tiempo durante cientos de años o apenas olvidado en las últimas décadas, le viene a revelar los secretos guardados, que alguien, desconfiado de la memoria histórica a detallado para poner a buen recaudo el hecho sucedido, a su bola, como cualquier testimonio, todos llegan desde el recóndito refugio de la subjetividad. Puede que el desván del baúl sea un pajar olvidado del Egipto copto y puede que sea, quiero decir, que se empiece a desvelar, en una columna de un periódico atrevido o una moderna página en la red, donde comienzan a desvelarse los secretos guardados. No importa, todos son testimonios de la infamia. Todos son papeles olvidados.

La guerra es la gran ignominia humana, no el declive moral del individuo o las trazas de las traiciones de Estado o los crímenes universales. Las gentes entran en guerra para desatar el gran monstruo de la violencia justificada, el enorme motivo por el que los hombres crédulos se van dejando la vida desde que la historia empezó a contarnos su devenir desde las guerras. Lo malo es que el relato nos ha llegado en la inmensa mayoría de los casos, narrado por los vencedores. Encargado el relato después de la victoria y a la vista del resultado, a un escriba que debe ganarse con su testimonio, la confianza y los estipendios depositados en su fidelidad. Por esa razón, la historia nos la han contado siempre de la misma manera, los mismos, es decir los vencedores. Los vencidos, no han escrito sobre sus derrotas más que por dejar cuenta de las victorias a su costa. Quizá, de las pocas excepciones históricas es la denominada Historia secreta de los mongoles. Un relato de tan escalofriante realismo y crueldad que con ello, asegura su veracidad. Quien se asome a ella encontrará junto a la inevitable y cuasi mitológica historia del líder, la excepcional narración de los horrores cometidos en su nombre. Así vista, esta historia nos ha dejado la imagen de un pueblo con una capacidad infinita para la crueldad, lo que espanta y mosquea a la vez al lector, pues no cuela, que la crueldad estuviera solo de una parte.

La historia de los vencidos es un ejercicio improbable que solo recientemente en términos históricos es posible tener en cuenta pues, solo ahora se escurren los testigos que pueden desmentir el cuento. Los famosos papeles del pentágono ya desvelaron los desmanes del ejército americano en Vietnam y ahora aparecen los famosos wikileaks sobre la guerra afgana, la injerencia guerrera más brutal desde entonces. Estas revelaciones nos vuelven a contar las cosas de la guerra de Troya, de la destrucción de Roma, de la conquista de Al Andalus, del descubrimiento de América, de la conquista de la India, de la guerra de Congo, de la primera guerra mundial, de la guerra civil española, de la segunda….etc. En todos los casos se repiten las constantes, las partes ocultan la barbarie propia y la adjudican al enemigo, vale, siempre es igual, pero además, siempre sobre el mismo axioma: Sobre víctimas inocentes. Solo víctimas inocentes. Todas las víctimas inocentes.

Parpadean los recuerdos adormilados por el tiempo al sol. Julio