Fútbol es fútbol. Pero no solo fútbol II (saber ganar)

LA GENTE, UN DÍA, se percata de cosas que le han pasado desapercibidas. Es lógico. La gente se despista por naturaleza y cuando encuentra el hilo, a veces es tarde, tanto, que aún teniendo el hilo tomado de la mano, no sabe si tirar o aflojar. La gente, que se ha pasado un buen pedazo de tiempo ante el televisor viendo la marea roja y que aún sin ser un aficionado al fútbol, se ha visto obligada a remover el azúcar del café mañanero descifrando con el de al lado si el fuera de juego de Villa era clamoroso o lógicamente invisible para el juez de línea, nombre, por cierto muy sonoro. Y ha llegado un día que le han empezado a llover felicitaciones de los amigos extranjeros dándole la enhorabuena, como si el hubiera hecho algo al respecto. Es verdad que los jugadores de la selección española y los directivos y responsables se han hartado de decir que la afición ha sido muy importante, pero la gente ha visto como noticia en el telediario que había mas de 500 españoles en Sudáfrica, o sea, nada. Y como la gente es larga, porque para eso es lo que es, no se lo traga y en el fondo sabe que ha pintado nada y menos en esta historia, por lo menos mientras esto se conseguía al margen suyo. Es verdad que mientras la selección española iba avanzando en el campeonato, la gente iba empapelando el país con la bandera constitucional y es verdad que la tensión y el triunfo han sido de infarto.

La gente lee los periódicos y descubre a los líderes politicos, a los modelos sociales, a los líderes de opinión, incluso a las chicas guapas, decir que iban con España y que nos lo merecíamos. La cosa además es doble pues se celebra la victoria propia mas la derrota ajena. No es una memez, es una constatación que no siempre se produce simbióticamente. La gente de este país no está acostumbrada a los elogios, más bien al contrario, donde mejor se mueve es en el victimismo secular en el que tiene larga experiencia, por eso, esta ola de elogios, fama, parabienes y odas, le deja más anonadada que otra cosa, pero, como es lógico, no le resulta baladí. Toma nota y la guarda.

Los salmantinos, pacenses, asturianos, ilerdenses, mostoleños o donostiarras, por poner un ejemplo, se deshacen en elogios y se rascan la bolsa consistorial para levantar estatuas, como decía Jorge Oteiza, clavar placas o imprimir diplomas de honor. Mientras, los medios de comunicación, el Parlamento del Estado o las sentencia judiciales se llenan del vocabulario futbolístico, los cursos de verano de la universidades españolas igual, se anuncia que el Estado emitirá monedas conmemorativas de colección y hasta el Barça, verdadera madre del caldo vencedor se sacude las ínfulas independentistas de su extinto presidente y se moderniza.

Los sociólogos somos tipos raros que solemos fijarnos en cosas que a la gente le sorprende que sean dignas de ello y puede que sea la gente la que tenga razón y no la sociología, que tantas veces, como he repetido otras muchas, se convierte demasiado frecuentemente, en la penosa demostración de lo obvio. El caso es que vivimos un momento histórico de intensa interacción simbólica que puede que pase, para regocijo de los victimarios y puede que no. Veremos en este caso quien se alegra. Porque de lo que de verdad se trata ahora es de saber ganar, que como todo el mundo sabe, es mas difícil que saber perder. Todo el mundo menos Giulio Andreotti y Jorge Oteiza. Y yo.

Una nueva megalítica nos marca el sueño en el espacio venidero. Julio