De la inspiración

LA GENTE, UN DÍA, lee que una obra de Amadeo Modigliani, concretamente un busto de mujer cuyo valor estimado era entre tres y cinco millones de euros, ha sobrepasado en la subasta de París los cuarenta y cinco millones y claro, la gente se pregunta como es posible que algo de apenas sesenta centímetros de alto alcance ese valor para otros. Una de las razones que dio uno de los mas reputados críticos de arte era que precisamente esa obra era una de la mas inspiradas obras del artista, y la gente entonces se pregunta ¿Y que es eso de la inspiración?

La inspiración es un sueño conocido, soñado. Un instante alado en el que las cosas van por delante de las razones y las palabras se adelantan a las ideas, las notas o las palabras surgen como si tuvieran voluntad cierta y el creador se siente envuelto en una dinámica que le roba la voluntad y el deseo, le instrumentaliza, se sirve de el, de sus manos, de su instrumento para navegar hasta donde llegue lo soñado. La inspiración es también un encuentro con lo mágico, con lo que nos transporta hasta lugares sin cuerpo, solo aliento.

Es una tirana celosa que aparta al creador de su mundo asible y lo desata de toda materialidad, no siente hambre ni sed, solo inercia irrenunciable que le mantiene en vilo, le convierte en una especie de médium entre lo desconocido y lo intuido. El artista inspirado es un cuerpo dopado con la sustancia inasible de la ambición creativa. Sabe que es probable que no pudiera desasirse de esa inercia pero tampoco lo intenta. Sabe que apenas cuenta entre lo que esta surgiendo a través de el y el origen desconocido de esa fiebre. La obra surge con una iniciativa y una seguridad que asustan al creador haciéndole dudar de su propia autoría, escribe las notas y según las siente sonar en su cabeza, duda de no estar copiando, de no transcribir desde su memoria, tan conocidas le suenan. Sabe que le salen a él mismo, desde dentro, pero le aterra que hayan llegado de fuera. Cuando el artista está inspirado, paradójicamente, es él mismo menos que nunca, porque no se ordena, consiente con ese fuego brillante que le quema y le salva de las llamas a la vez. Es un estado febril que una vez experimentado, se busca con denuedo, con ansia infinita y se echa de menos, se siente mono, pero se sabe que no se puede convocar. Todos los artistas creemos en ella y todos creemos, como decía Picasso que te tiene que coger trabajando, pero también sabemos que el trabajo no la atrae, nada mas alejado de la labor racional, técnica, experta, del trabajo creador, que la inspiración. Al cabo de mas de cincuenta años de existencia creativa, se llega a la conclusión que debe ser algo que sirve de recipiente excepcional a sensaciones excepcionales que está llenándose en algún lugar ignoto de nuestra voluntad y que de pronto, rebosa y aflora como una cañería organizando un socavón en el que nos hundimos sin remedio. Es de una tiranía excepcional de forma que no te permite desviarle la mirada ni un segundo, te trabaja a su antojo y te usa y te maneja hasta que te ha sacado el rendimiento que esperaba de ti, después, te deja exhausto y aturdido, temeroso, debilitado y hambriento, cuesta moverse y a veces se queda uno en un estado de semiinconsciencia durante horas, después, uno debe buscarse para ser de nuevo un ser mortal, aunque te deja la creación para que recuerdes el viaje a los cielos. Pero nadie te creerá.

Cada cualquier sueño contiene la exacta cantidad de temor a que se cumpla. Junio