Fracasa el capitalismo y se hunde la izquierda

LA GENTE, UN DÍA, se para en el chiste del día de El Roto, al que no parecen valer encuestas sesudas, con una ficha de investigación impecable, oportunas como la lluvia y esperadas de igual forma, para pontificar como no lo podrían hacer todas las sociedades civiles reunidas. El Roto reflexiona como si esperara que nadie se pudiera asomar a su viñeta y por ello, acierta de pleno en el común del sentimiento de la gente. El martes 1 de Junio, su Juan Nadie particular reflexionaba: “Fracasa el capitalismo y se hunde la izquierda ¿Hay quién lo entienda?”

Claro que es difícil interpretar este momento histórico, como es difícil interpretar todo lo que se mueve sin descanso, lo que parece fluir al margen de la voluntad del mirón con la socarronería de quien sabe que es complicado beber del vaso, a caballo. No es fácil tampoco, visualizar las funciones, creencias y no digamos vigencias de la sociedad actual. Se trata de un conglomerado de sentimientos derivados de la mayor dificultad para la vida, que es la escasez. Nos metimos de lleno en la ingente tarea de conseguir el Estado del Bienestar y tras décadas de sacrificios económicos, culturales e ideológicos, vislumbramos el derrumbe del muñeco sin terminar de construirse. Parece que los ejes de valor desde los que atacamos la meta no han resultado tan firmes como se nos prometió desde que el mundo civilizado renunció al marxismo.

El materialismo dialéctico se refugió en las cátedras sociológicas resumido en su praxis interpretativa histórica a la espera de tiempos mejores, observando mientras tanto la decadencia de la izquierda mundial, que desnudada de toda mácula ideológica, se desliza inexorablemente por las sendas excusadas del posibilismo. La famosa teoría del gato blanco y el gato negro que ha sido esgrimida por tirios y troyanos.

La izquierda democrática, al menos la europea, interpretó que el trabajador necesitaba el mercado para compensar con la consecución de metas de progreso material la disyuntiva de la conciencia de clase. Las clases se suspendieron, como se suspenden las fiestas de guardar en el anuncio del hombre nuevo. Los lemas se envolvieron cuidadosamente y se dispusieron en los anaqueles más altos previendo las pocas veces que tendríamos que buscarlos. Y acto seguido, ya sin uniformes, sin memoria histórica, sin medallas ni muertos de guardar, nos echamos en los brazos del Mercado quien debería solucionarnos la modernidad de la vida y la razonabilidad de la economía del mismo.

Esta claro que lo que no podíamos prever era la traición del Mercado al que suponíamos humanizado. Pero se ha comportado enseñando la misma feroz cara que entrevió Karl Marx. Tan exigente, despiadado, egoísta, despreciativo, egocéntrico y suicida como siempre, porque es un lobo, por mucha piel de cordero que tenga en el ropero. A la postre, en el momento de la decisión final, es capaz de volver a ser al alacrán que transporta la rana. La atracción de la predación es demasiado para él. Así, en medio de la travesía y tras jurar tres veces que no lo haría, el mercado hundió su aguijón en su salvadora y se llevó con él a los infiernos abisales a la izquierda. Así se entiende.

Hay una Guía de la Indigencia a disposición de los honestos. Junio