La crítica social

LA GENTE, UN DÍA, como tantos otros, se para a pensar sobre si misma cuando entre las manifestaciones de sus individuos comienza a verse diluida, cuando no mal interpretada. Es quizá la acción social más democráticamente egoísta e imprescindible del sistema. La gente sabe que de la pensada, llegará la crítica de la que se alimenta y con la que se constituye la dinámica social. La gente sabe que sin crítica no hay sociedad que valga.

Quizá desde el texto “Dialéctica de la Ilustración” escrito por Horkheimer y Adorno durante su exilio en Estados Unidos en el primer lustro de los años 40, se vea la función moderna de la acción comunicativa crítica. En el Prólogo los autores se lamentan en lo referente a la ‘cultura de masas’ y su capacidad de crítica y autocrítica: “Si la opinión pública ha alcanzado un estadio en el que inevitablemente el pensamiento degenera en mercancía y el lenguaje en elogio de la misma, el intento de identificar semejante depravación debe negarse a obedecer las exigencias lingüísticas e ideológicas vigentes, antes de que sus consecuencias históricas universales lo hagan del todo imposible”

Pero la gente, a veces se duele de las críticas, probablemente porque ese espíritu de quien promueve la crítica, la alienta, valora y toma en cuenta, es difícil de mantener en una relación inversa a cuanto mayor poder social se detente y por eso las altas instancias de los estados, suelen estar ocupadas por personas alérgicas a las críticas.

Los artistas nos pasamos la vida atormentados por el criterio, a sabiendas que en ese camino de búsqueda del mismo, está la única oportunidad de encontrarlo, por eso, nuestra labor es, en parte, hija de la crítica. La sociedad no está salvo de si misma ni mucho menos, como dice Habermas: “La sociedad aparece descrita por dos planos superpuestos -el mundo de la vida y el sistema social-, cuyos perfiles están dibujados, respectivamente, por la racionalidad y la complejidad. La complejidad creciente del sistema social invade, condición y dirige el mundo de la vida, degradando sus atributos más significativos, como son la libertad, la identidad, la memoria, el sentido natural de la existencia. El sistema aparece descrito por el mercado y por el conjunto de instrumentos institucionales y estratégicos -en especial a través de los medios- que lo informan, con una fuerza envolvente que reduce el espacio público, la esfera cívica de la innovación, el margen de expresión de la cultura democrática”.

Habermas se pregunta si es posible plasmar un sistema social en el que las inquietudes de la opinión pública, sus anhelos y proyectos, tengan una traslación al plano de la acción política, a la gestión. Esto es, si es posible superar la regulación administrativa de la democracia por una democracia auto constructiva, guiada por la interacción comunicativa de los individuos que la integran.

Poco queda que añadir, nada sería posible auto construir si no estamos dispuestos a dar cobijo a la disidencia y encontrar en ella la más genuina expresión de la crítica, siendo esta, la depuradora de las aguas sociales, la sanitaria, y la otra.

Puede que la vida en su albur también escriba torcido. Mayo