Cacofonía fiscal con el patrimonio

Juanma Moreno

EFEMoreno hace un llamamiento a los empresarios catalanes tras su rebaja fiscal

El gobierno andaluz ha neutralizado el impuesto sobre el patrimonio tal y como prometió en su campaña electoral. Ninguna sorpresa. El argumento para esa neutralización es que se trata de un impuesto redundante y que así trata de no perder competitividad frente, por ejemplo, a Madrid a la hora de retener o captar residentes. Un portavoz del PNV (que disfruta de todas las competencias fiscales posibles) dice que no le gusta (pues a rascarse). Y los catalanes indepes que tienen competencia para hacer lo mismo, sostienen que habría que armonizar (homogeneizar) ese impuesto. Una novedad argumental, puestos a homogeneizar se podría hacer con la lengua o con otras muchas materias.

Desde el PSOE, por boca de la portavoz del gobierno, la protesta es rotunda, una decisión antisocial dice la portavoz. Olvida que años atrás fue el gobierno Zapatero el que neutralizó este impuesto para hacerlo desaparecer. Luego el PP canceló la supresión por razones recaudatorias. En resumen, una demostración más de incoherencia en ambos partidos. Para rematar el ministro de las Pensiones entra al debate y propone como opinión personal que ese impuesto debía ser nacional y homogéneo. Cacofonía fiscal que no ayuda a una pedagogía fiscal útil al ciudadano, más aun en estos tiempos de confusión y penurias fiscales.

El impuesto sobre el patrimonio es una figura fiscal poco común en Europa, que nació con la reforma fiscal de 1977 como provisional, coyuntural, para detectar e incentivar fuentes de renta a las que aplicar el IRPF. Tan provisional que se quedó en el sistema trasferido luego a las autonomías como impuesto propio.

La competencia sobre ese impuesto es de cada Comunidad Autónoma que puede gestionarlo a su manera. Argumentar (lo hacen los catalanes) que quienes lo reducen hacen dumping fiscal es una falacia Pretender que solo los catalanes pagan ese impuesto (la mitad de la recaudación) es más falaz aun, ya que si su Parlamento quisiera puede neutralizar o reducir el impuesto.

La comunidad más beligerante para eliminar el impuesto ha sido Madrid (gobierno Esperanza Aguirre) pero a su favor tiene que no por ello ha aumentado la deuda. Desde luego que es un impuesto a la riqueza pero también que implica doble imposición y castiga el ahorro. Si quieren recaudar más de los ricos basta con elevar los tipos del IRPF, eliminar desgravaciones o modificar la fiscalidad sobre las rentas del capital. Todo eso sería más sencillo y más ortodoxo que mantener un impuesto raro, que nació como provisional, instrumental, y que se quedó por comodidad. Desde luego que no es paradigma de progresismo, aunque sirve para aparentar.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.