¿Pero dónde iban a sentar a Juan Carlos?

Funeral Isabel II

EFELos reyes de España y los eméritos, juntos en la Abadía de Westminster

El funeral de Isabel II, que ella quería corto y sencillo, va a ser el mayor espectáculo público de la temporada, sin posible comparación. Han sido diez días de atención referente para todas las televisiones del mundo con la traca final de un programa de seis horas seguidas en vivo y en directo. Ha acreditado la fuerza magnética de liturgia y tradición; un espectáculo de luz y color, con tintes medievales y con un elenco único y probablemente irrepetible.

No es probable que ningún jefe de estado o de gobierno, ninguna personalidad de la cultura el deporte o cualquier otra especialidad pueda aspirar a una despedida semejante a la que conseguido Isabel II. No faltó nadie y los que faltaba era por buenas razones. La realización de la BBC para todas las televisiones del mundo me ha parecido irreprochable, aunque no faltarán expertos y críticos que adviertan errores y carencias.

Las audiencias en España acreditan que el espectáculo ha interesado, ninguna televisión nacional ha resistido la tentación de colocar el funeral en cabecera de informativos y programas, incluso con sesión continua y presencia de expertos en el protocolo y la política británica. En estos momentos de decadencia a los inglesas les queda la magia de su monarquía, un poder blando rico en intangibles y tópicos que parecen viejunos pero que resultan fascinantes.

En el caso español el foco de la noticia se ha centrado en la función atribuida a Juan Carlos Borbón, anterior rey de España que vive extrañado por sus deméritos en un paraíso del golfo Pérsico. ¿Asistiría?, ¿tropezaría con su hijo y sucesor?, ¿en qué banco le iban a sentar? Sobre todo ello se ha especulado con singular desatino y exceso de imaginación. Porque las respuestas eran las más sencilla.

Juan Carlos estaba invitado y entendió que debía asistir. ¿Por qué no?, Isabel II era colega y pariente y estaba invitado a su despedida. Respecto a su ubicación había pocas alternativas: en el banco de las casas reales, al lado del jefe de la suya que es su hijo. El Reino de España, gestionado por el gobierno de Pedro Sánchez tiene poca vela en el entierro y optó por el distanciamiento, al tiempo que deja claro que no quiere la menor complicidad (ni cortesía) con el Rey anterior.

¿Dónde iban a sentar a Juan Carlos su viajaba a Londres? Pues donde le han sentado, en los bancos de las casas reales, en el que corresponde a España; sin más signos externos o singularidades que las que corresponden a ese tipo de parientes. En resumen, un gran espectáculo, un tanto sorprendente, un gran éxito de la monarquía que suena a vieja y caduca pero acumula experiencia y liturgia centenarias.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.