La deconstrucción de Vladimir Putin

Valdimir Putin

EFELa cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) en Uzbekistán

Cuando a comienzos de siglo Putin asumió el poder en Rusia, empujado por la familia del declinante Boris Yeltsin, que confiaba obtener impunidad de su patrocinado, los gobiernos de Occidente vislumbraron la continuidad de la cooperación este-oeste tras la guerra fría a la que puso punto final Gorbachov. Bush padre miró al fondo del alma de Putin e intuyó que había latido, que era fiable, tal y como le había advertido su aliado José María Aznar que ya había mirado a Putin. Ambos políticos erraron el juicio. Putin fue invitado al G7, ampliado a G8, y se abrieron espacios de cooperación, especialmente con Alemania que aspiraba a multiplicar el comercio con el este, para importar petróleo y gas y exportar equipo industrial.

Pero Putin, una vez instalado en el poder, sometidos los oligarcas y los militares y controlado el estado ruso con una policía al viejo estilo, desplegó una estrategia de superpotencia asentada en su potencial energético y la disuasión nuclear. La beligerancia expansionista y militarista de Putin quedó acreditada en el Cáucaso y Siria, aunque con el disimulo de combatir el terrorismo.

La exitosa invasión y anexión de Crimea el año 2014 puso punto final a la cooperación, empezaron las sanciones, incluida la exclusión del G8 y algunas otras exigencias financieras y comerciales, al tiempo que la política exterior rusa multiplicaba las intervenciones subterráneas en la política de sus adversarios occidentales.

La ascensión de Putin a lo largo de las dos primera décadas del siglo es uno de los hechos relevantes del periodo. Buscó acreditar la soberanía e influencia de otra Rusia Imperial en el escenario internacional, sin disimulo a la vista de la condescendencia de sus adversarios. Una tolerancia acentuada por la errática administración Trump que no dudó en reconocer su admiración por el nuevo zar.

El paso siguiente, quizá inevitable aunque osado, fue la invasión de Ucrania concebida como paseo militar con eficacia política para extender el poder ruso. Y en paralelo alianzas con las nuevas potencias regionales, desde China a Turquía, India y las repúblicas soviéticas.

Pero Joe Biden no apreció el alma del ruso al que no dudó calificar en público de asesino. Y los europeos, con Alemania al frente, tampoco se han sometido al dictado del pretendido zar. Resistencias que se han concretado en Ucrania que ha resistido la invasión rusa contra todos los pronósticos. Además los aliados con china a la cabeza tampoco han secundado la estrategia de Putin con el entusiasmo que este esperaba.

Tras la cumbre en Samarkanda, Putin ha comprobado que los aliados son exigentes; los chinos critican el despliegue de la guerra y el presidente de India advierte que estos no son tiempos para guerras. Lo que Putin ha verificado en Samarkanda es que no es una potencia decisiva, que depende cada día más de los chinos, que les han desplazado como potencia principal. Además las fronteras al este y al sur se debilitan con conflictos locales que parecían sofocados.

Es prematuro sostener que Putin empieza a replegarse y su poder a declinar con los riesgos que ello comporta; pero parece evidente que empieza la deconstrucción del personaje que hace pocos semanas parecía con poder y peligro indiscutible y ahora se le ve pestañear y dudar.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.