La inflación debe ser la prioridad

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La tentación por la inflación es como la adición a los opiáceos; suponen un remedio inmediato, un alivio para ganar tiempo. El Tesoro ingresa más de inmediato (beneficios caídos del cielo) los deudores perciben que el peso de la deuda disminuye; los que controlan la oferta y pueden repreciar imaginan que se adelantan y ganan alguna ventaja. Pero los que no tienen capacidad de presión, los menos favorecidos, se joroban y se aguantan, consolados quizá por aquello de que siempre pagamos los mismos.

En Europa y en España la inflación se ha desbocado en cuestión de meses, casi un año. Primero fue el efecto de la elevación de los precios mayoristas de la electricidad por el impacto del gas y del modelo de fijación de precios y de cálculo del IPC (equivocado), pero luego se contagió a materias primas tan críticas como el petróleo, los cereales e incluso componentes electrónicos determinantes de los procesos industriales. No es una inflación de demanda, de exceso de dinero en circulación (aunque también hay algo de eso) pero es un fenómeno con efectos de segunda y tercera ronda que complican el problema.

No estamos ante una inflación por presión de los salarios, por pleno empleo, ni tampoco por beneficios desmesurados (aunque algunos insisten que la codicia empresarial está entre las causas principales,). Es una inflación de costes de productos y servicios esenciales por causas externas. Pero existe un riesgo evidente de contagio a todo el proceso de formación de costes y de precios.

Por eso hay que parar la escalada con todas las herramientas disponibles, incluida la persuasión, que influye sobre las expectativas. Los bancos centrales hacen lo que deben aun sabiendo que tiene consecuencias desfavorables (algo dolor, según reconoce el presidente de la FED) pero convenientes a corto plazo para un futuro mejor.

A los gobernantes y a los economistas corresponde explicar que estabilizar los precios (como los incendios) es prioritario para evitar catástrofes mayores para el común. El último cuarto de siglo ha sido de “moderación” en los precios, que nos ha llevado a perder la conciencia de lo perniciosa que es la inflación. Para ganar productividad y competitividad para que los fondos europeos para Nuevas Generaciones sean efectivos, hay que dominar la inflación.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.