Trump impone su relato a los medios

EFEDonald Trump durante un acto electoral celebrado en Wisconsin el pasado 6 de agosto

El gran activo de Trump radica en su capacidad para imponer en los medios su verdad alternativa, es decir sus mentiras. Lo hizo durante la campaña que le llevó a la presidencia y las primarias republicanas precedentes. No era el candidato con más posibilidades, pero sus extravagancias apasionaron a los medios, especialmente las televisiones (y a los medios de influencia), que le regalaron horas gratis de emisión y muchas páginas. Críticas en muchos casos, pero muy notorias para difundir sus emocionantes relatos y sus críticas hirientes e infundadas contra sus adversarios.

Es evidente el talento mediático del personaje, la ausencia de coherencia y de vergüenza simultánea a un ego tan exaltado como asombroso. Ganó por poco la elección (perdió en voto popular, pero ganó en el colegio electoral). Su presidencia se ajustó al mismo formato, incluso exagerado. Perdió la elección del segundo mandato (en voto popular y electoral) pero no se resistió a encabezar una revuelta contra el sistema constitucional en la que sigue instalado y con la que trata de volver la Casa Blanca, previo secuestro del partido Republicano encabezando una insurgencia sin precedentes en la democracia americana.

Lo curioso a estas alturas es que el modelo Trump para captar la atención de los medios con sus mentiras sistemáticas. Habla Trump y se paran las máquinas, los telediarios recogen sus declaraciones sin la cautela de una verificación. Sus extravagancias convencen a incautos seguidores dispuestos a hacer historia.

El registro practicado por el FBI en su residencia de Florida es noticia de apertura. Es lógico, no lo es tanto que las tesis extravagantes y falaces se reflejen sin matices. Un relato que triunfa, que los medios reflejan con un seguidismo acrítico y estúpido. Trump aparece como víctima más que como sospechoso. En su día el Washington Post analizó con sentido crítico la cobertura de la primera campaña presidencial para concluir que fueron tontos útiles para un personaje detestable que les odiaba.

Trump ha despreciado a los medios serios y ha sabido manipularles con su desprecio. De paso ha sabido cosechar aliados en las redes sociales y atemorizar a los candidatos republicanos que temen perder posibilidades si Trump deja de apoyarlos. La responsabilidad de los medios en este proceso que degrada la democracia es manifiesta, lo lamentable es que no aprenden y siguen bailando el agua al manipulador que resulta divertido por desmedido.

Sobre el autor de esta publicación

Fernando González Urbaneja

Nacido en Burgos en 1950, licenciado en Ciencias Políticas y titulado en Periodismo.

Desde 1999 hasta el año 2006 profesor asociado del departamento de Historia Económica en la Universidad Carlos III.

En la actualidad es colaborador habitual de los diarios ABC y otras publicaciones. Desde noviembre de 2003 a diciembre de 2011 preside la Asociación de la Prensa de Madrid y desde abril del 2004 hasta septiembre de 2008 Presidente de la Federación de Periodistas de España (FAPE).

Autor de los libros “Rumasa” (Planeta, 1983); “Banca y poder, la pasión por ser banquero” (Espasa Calpe, 1993); “Ética en la empresa informativa” en “Ética y empresa, visión multidisciplinar”, (Fundación Argentaria-Visor, 1997).

El Gobierno le designó en mayo de 2004 como miembro del comité de expertos para la reforma de los medios de comunicación de titularidad del Estado.

Actualmente es Decano del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual Facultad de Ciencias de la Comunicación Universidad Antonio de Nebrija.