Barcelona y su política de vivienda

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau

EUROPA PRESSLa alcaldesa de Barcelona, Ada Colau

Han pasado suficientes años de un gobierno de izquierdas en el Ayuntamiento de Barcelona partidario de intervenir y regular el mercado de vivienda como para hacer un balance de resultados. En resumen: mucho hablar, mucho regular y pobres resultados. Los precios de venta han subido, los alquileres también con oferta a la baja y las viviendas sociales no despegan. La gestión contra el crecimiento y el libre mercado ha producido un resultado poco ejemplar.

Conforme al modelo de Barcelona la ley de vivienda que propone el gobierno (¡la primera de la democracia!) que sigue un largo trámite en el Parlamento y sufre de problemas competenciales, corre el riesgo de cosechar semejantes resultados a los de Barcelona. El mercado, o mejor los mercados de vivienda (son muchos y muy diversos) es resistente e indiferente al dirigismo, a las intervenciones voluntaristas y poco realistas.

La tentación de regular suele ser irresistible para los arbitristas que quieren aparentar resultados de inmediato. Imaginan que con mandar en el BOE es suficiente para que los agentes del mercado se dobleguen a sus pretensiones. Pero no se doblegan. Una cosa es que manden, pero otra es que obedezcan. El rigor de las normas se alivia con su incumplimiento.

Como ejemplo de incumplimiento sirve el caso madrileño con la regulación de las viviendas de alquiler para turistas. La ordenanza era tan exigente que no se cumple… y no pasa nada porque no puede pasar. Otro tanto en Barcelona con este mismo mercado

El problema político de la vivienda social es semejante al de las leyes educativas: precisan de largos períodos de maduración, del orden de una década. De tal manera que no interesan a gobiernos que trabajan con horizontes temporales mucho más cortos, que quieren resultados para las siguientes elecciones.

En España se han podido promover viviendas oficiales a poca voluntad y talento que los políticos hubieran desplegado. No lo hicieron, prefirieron predicar a dar trigo; de manera que la cosecha da para poco. No obstante hay mercado, inversión para alquilar en determinados segmentos, desde estudiantes a mayores; pero el llamado mercado social, se encarece por los riesgos que hay que asumir. A más riesgo más precio y menos oferta. El problema de la vivienda es de oferta, de oferta inteligente, de estímulos a esa oferta con garantías. Y para eso ordenar, regular, intervenir, suele ser el peor de los aderezos. Mucho mandar y poco obedecer. En Barcelona el ayuntamiento va a conseguir que la ciudad no progrese, que apueste por la sostenibilidad mostrenca, mientras Madrid se sigue yendo.

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