Son impuestos o son multas

Debate estado de la nación

CongresoEl Hemiciclo durante la tercera sesión del Debate sobre el estado de la Nación

Las palabras tienen significado. Definir bien es empezar a comprender. El gobierno ha anunciado como medida estrella de su programa económico para contralar la inflación una nueva figura tributaria denominada “impuesto sobre beneficios extraordinarios” que, de momento, va a recaer sobre una veintena de empresas energéticas con facturación elevada (no se ha concretado la cifra) y a los bancos en general, que tampoco son muchos, apenas dos docenas. Es posible que el modelo se extienda a otros sectores identificables sin confusión. Los socios del gobierno apuntan al comercio (a los grandes), y se pueden extender a las cadenas hoteleras, las compañías aéreas y a otros sectores que se lo merezcan.

No se ha concretado el modelo impositivo de ese impuesto que escapa de la figura del impuesto sobre (beneficios) las sociedades para conformar otra clase, con carácter temporal o excepcional. Sin precisar la base y el tipo imponible es prematuro cualquier juicio. También lo es la estimación ya que puede ser elevada o nula, según se diseñe.

Lo que no queda claro es que se trate de un impuesto (ya que más bien tiene la naturaleza de una multa (sanción administrativa que obliga a pagar una cantidad). La multa requiere reconocer una irregularidad, un incumplimiento. En este caso la irregularidad sería el “beneficio extraordinario” (caído del cielo, que quiere decir gratuito, conseguido sin esfuerzo). N este caso hay que saber que significa “extraordinario”, donde empieza eso. Si hay que tener en cuenta el ciclo y sobre que referencia empieza a aparecer lo “extraordinario”.

Otra dificultad en este caso viene con la pretensión de que se trata de una figura fiscal de izquierdas. La realidad acredita que, por ahora, los gobiernos que han abrazado esa estrategia son de derechas, adversarios de la socialdemocracia clásica. De manera que no conviene una adjudicación ideológica prematura ya que no resiste la verificación.

Estos impuestos tienen pinta de multas ya que los afectados son calificados de abusones, de enemigos del común que se enriquecen a costa de los ciudadanos indefensos y sometidos a la fuerza. Su naturaleza temporal, para unos meses, les acerca al concepto de multa, más que al de impuesto clásico.

Otra de las confusiones es el carácter finalista de estas multas revestidas de impuesto. Son figuras buenas, como Robin Hood, para repartir a los necesitados. De hecho son exacciones que van al tesoro, al común, desde el que luego se financia el gasto social y el corriente. Los impuestos finalistas, destinados a un objeto predeterminado, tienen mal encaje, no están descritos en la doctrina. Son finalistas algunas tasas y precios públicos por servicios bien definidos, pero no los llamados impuestos.

De manera que el modelo sufre de confusión, de imprecisión y de insuficiente información. Además la ministra de Hacienda insiste en que no son gastos trasladables a costes, que eso será vigilado y penalizado, lo cual refuerza la idea de son mutas más que impuestos.

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