Anunciar una recesión es como desayunar la merienda

Reunión del Eurogrupo en Bruselas

EFENadia Calviño en la reunión del Eurogrupo

Jamie Dimon, primer ejecutivo de JPMorgan, probablemente el banco más importante del mundo, advertía esta semana en una entrevista publicada por El País que no se atrevía a pronosticar una recesión, ni en los Estados Unidos ni en Europa. “no me gusta hacer pronósticos; la recesión es una posibilidad…” pero falta información. Me parece una referencia interesante para evitar la cabalgadura del pronóstico, un arte complejo.

A la fecha no hay datos suficientes para sustentar una recesión; es probable que ocurra, antes o después, porque los ciclos económicos no están superados, aunque algún economista ha creído en algún momento que la ciencia había progresado tanto como para moderar el ciclo. La crisis del 2008 dejó claro que la recesión forma parte del modelo hasta resultar tan poco evitable como la muerte y los impuestos.

En el debate del estado de la nación es muy probable que la oposición caiga en la tentación de anunciar la recesión para castigar al gobierno criticando su política económica. Será un error ya que hay argumentos de crítica suficientes como para evitar ese concepto para el que no hay todavía datos suficientes.

El trimestre pasado, el segundo, la economía española creció más que en el anterior y dejará la tasa interanual en torno al 5%. Una tasa a la baja, pero en cualquier caso lejos de una tasa negativa. Para que hablemos de recesión se precisan dos trimestres consecutivos con tasas negativas y eso no está en el mapa de previsiones actualizadas de todos los que se dedican a ese arte.

Es posible que llegue una recesión el próximo año, depende de varios factores, algunos poco controlables. Primero de la estrategia monetaria del BCE y su manejo de los tipos de interés para controlar la inflación. Depende de la evolución de los precios de las materias primas energéticas, que tiene mucho que ver con las decisiones de una autócrata como Putin. Y depende de otros factores externos y alguno interno (la gestión del gobierno y el sentimiento de los agentes económicos) que hoy parecen jugar a la contra pero que también pueden modificar la tendencia pesimista actual.

No conviene desayunar la merienda, no conviene anticipar situaciones que no han llegado, no conviene dejarse llevar por el neomaltusianismo de que solo nos aguardan desdichas. La historia nos dice que cuando más oscuro se ve el túnel más oportunidades aparecen para encontrar salidas a la luz.

Es cierto que rebajar la tasa de inflación es una prioridad para un crecimiento sostenido y que para controlar los precios hay que moderar el consumo hasta recuperar situación de equilibrio. En momentos de turbulencias no conviene anunciar más desgracias, más bien controlar el timón y buscar la mejor orientación. No hablemos de recesión porque no hay datos, y vamos a procurar evitarla o que dure poco.

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