El IPC amenaza la recuperación

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El IPC no descansa en su escalada; el dato adelantado de junio es demoledor. Lo es en España y previsiblemente lo será en Europa y los Estados Unidos. Por distintas razones, pero demoledor en todos los casos. La respuesta de todos los bancos centrales, autoridades monetarias con mandato legal de contener los precios, no puede ser otra que reducir la cantidad de dinero, limitar la demanda para estabilizar los precios. Y cuando eso ocurre, como medicina necesaria, como quimioterapia para matar las células enfermas, la economía se resiente con menos crecimiento, incluso con un tiempo de recesión, previa a una recuperación consistente.

La inflación es una enfermedad evidente y persistente durante varios trimestres. Su origen es conocido, el encarecimiento de los precios energéticos que afectan primero a los costes de electricidad y carburantes, y luego, en segunda ronda, a los costes de los procesos productivos que imponen aumentos generalizados y discrecionales de precios. Ahora estamos en la fase crítica de ambos procesos, inflación por energía (y por otras materias primas relacionadas con la alimentación) y subidas de precios de productos básicos.

Queda luego una tercera ronda de incremento de costes y precios, la que vendrá por los aumentos de salarios, legítimos para sostener la capacidad adquisitiva de las familias, de asalariados y pensionistas. Una tercera ronda que llegará pronto y alargará la fase inflacionaria.

El resultado final es que para volver a una fase de estabilidad y crecimiento sostenido habrá que pasar por una etapa de ajuste (palabra inquietante) que retrasará la recuperación. Saberlo y gestionarlo con habilidad es la tarea de los gobiernos responsables, que tienen primero que entender, luego explicar y finalmente proceder.

En el caso español no está claro que el gobierno haya comprendido, por eso lo explica entre regular y mal. Cuando pretende achacar nuestro mal de precios a Putin, cuenta solo una parte de la historia. Es cierto que Putin ha encarecido la energía, pero hay más factores. El hecho de que la inflación subyacente (la que ni mide energía y alimentación sin elaborar) alcance el 5,5% interanual, quiere decir que hay más factores, que la explicación tiene que ser más amplia.

Proteger a los que más van a sufrir por la inflación (que es un impuesto más) es un deber político. Pero hay que saber hacerlo; está muy bien reducir el precio de los abonos de transporte, también repartir un subsidio a rentas bajas; pero eso solo es preventivo, el principio del comienzo. Para contener la inflación hay que actuar sobre oferta y demanda. Hay literatura abundante y experiencias conocidas. Las mejores medidas pasan por la concertación y la solidaridad. Por tomar conciencia del problema y asumir compromisos sociales.

La escalada de los precios amenaza la recuperación y conspira contra la igualdad, porque no pueden defenderse con la misma suerte todas las personas. Los datos últimos de precios son alarmantes, amenazantes y peligrosos. Una mal gestión conducirá a desordenes sociales que complicarán el problema.

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