El PP andaluz: a lo Ayuso o a lo Mañueco
Las elecciones andaluzas (estamos en el D-26) serán determinantes para el futuro mapa de alianzas de gobierno a partir de mediados del 2023 tras los sucesivos procesos electorales hasta principios del 2024. Determinarán el esquema de cooperación entre PP y VOX que será el que determine la aritmética. Las relaciones entre los partidos a la derecha, como las del PSOE y Podemos no van de ideologías o programas sino de aritmética, así viene ocurriendo en la devaluada política española de la última década.
En Andalucía para el PP y Juanma Moreno Bonilla, sobre el que recae el peso de la candidatura (como sobre Feijóo en el caso gallego), el óptimo se sitúa ahora en obtener más asientos en el parlamento andaluz que la suma de todas las izquierdas. Es un óptimo posible, aunque no será suficiente para gobernar, una vez que VOX (su otra oposición hermana) advierte que no prestará su abstención sin entrar en el gobierno.
El PP aspira a gobernar en solitaria en Andalucía con apoyo parlamentario de geometría variable con VOX o incluso con el PSOE en determinadas materias. Es su óptimo que no va a contar con las simpatías de VOX que declara abiertamente que aspita de superar al PP o a exigir su cuota de poder proporcional a sus votos. El modelo de Madrid con Ayuso ha servido para un ato, de hecho ya da señales de avería cuando estamos a un año de las elecciones regionales preceptivas en mayo del 2023.
El modelo al que aspira VOX como mínimo es a gobernar como en Castilla León, con un gobierno con fuerte presencia de VOX. Un modelo trasladable al mapa nacional, al Parlamento que salga de las elecciones generales que tienen que celebrarse antes de enero del 2024. Abascal y VX aprietan fuerte en esta recta final y advierten que derogarán toda la legislación del actual gobierno de Sánchez, una declaración muy pomposa ya que en ese todo hay temas como el Salario mínimo o la actualización de pensiones con el IPC que son tema tabú que ningún político se atreve a tocar salvo imperativo categórico, es decir que el tesoro se quede tieso.
Feijóo como Juanma Moreno pretenden que sus votantes decepcionados que han huido a VOX retornen la vieja casa. Tienen que convencerles que votar a VOX no es un voto para que el PP, una vez castigado por su mala cabeza, vuelva a gobernar. No es fácil esa pedagogía, el PP se merece castigo por su derecha. La cuestión es ¿cuánto y hasta cuándo? Por lo que se desprende de las encuestas VOX gana en expectativa de voto y el PP también. El miedo a la extrema derecha y al fascismo imaginario que la izquierda esgrimió sin éxito en las elecciones madrileñas de hace un año, no funciona; VOX está blanqueado para muchos votantes, suficientes para amargar a socialistas y populares. El modelo Mañueco, coalición gana al modelo Ayuso, aunque a ésta no le preocupe demasiado.