Las cuentas “sofisticadas” del ministro Escrivá

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La política es propensa a la anfibología (el doble sentido, el vicio de palabra) porque la transparencia y la claridad tiene costes. Despojar a las palabras de su sentido se convierte en una tentación para sortear problemas, para recurrir al dije diego cuando quise decir otra cosa. Un reciente ejemplo anfibológico nos ha ofrecido el ministro de las pensiones (y de las migraciones) José Luis Escrivá para descalificar algunas observaciones del informe Anual del banco de España sobre la evolución previsible del gasto en pensiones en España.

El ministro sostiene que a las observaciones del Banco de España les falta “sofisticación”, que se basan en cuentas y estudios poco “sofisticados”. Es interesante la queja de Escrivá por cuanto es un economista formado en el servicio de Estudios del banco de España y en el banco Central Europeo. Los que pasan por eso servicios reciben una impronta especial de rigor y ortodoxia de la que no es fácil desprenderse. Escrivá con su paso por el consejo de ministros ha conseguido emanciparse de esa impronta.

¿Qué quiere decir con esa idea de carencia de sofisticación? Utilizada por un ministro tecnócrata (o no) con problemas para cuadrar las cuentas y al que desde Europa empiezan a pedirle precisiones produce alguna inquietud. Me recuerda aquello de las “cuentas y las finanzas creativas”, la “exuberancia irracional” o los “agentes polinizadores” del mercado… que tanta responsabilidad tuvieron en el derrumbe financiero de 2008 y sus posteriores efectos que aun duran.

El ministro Escrivá sufre de un dilema que le va perseguir entre el corto y el largo plazo; un dilema peligroso para cualquier político que sabe lo que hay que hacer, pero sufre condicionado porque hay que ganar las siguientes elecciones. Escrivá sabe de cuentas, ha manejado cuentas toda su vida profesional; sabe tanto que puede pisar los perímetros y sofisticar la mirada para incurrir en creatividad.

Las cuentas de las pensiones son tan sencillas como abrumadoras. Dependen de dos factores la actividad y el empleo y el envejecimiento. Todo los que va entremedias está condicionado por esos dos factores. Sabemos que desde hace una década los ingresos van más lentos que los gastos y que sostener el modelo implica reformas; cuanto más tarden esas reformas más profundas y exigentes tendrán que ser. El ministro de las pensiones conoce los datos, conoce las proyecciones, sabe lo que estiman en su casa madre… quizá por eso confía en que, si sofisticamos el mensaje, si recurridos a lo anfibológico, la realidad puede transformarse o, al menos, aparentarlo hasta las próximas elecciones. Pero las cuentas son cuentas, poco permeables a la sofisticación y contrarias a los cuentos; solo cambia una letra, pero la conclusión es distinta.

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