Y desacoplar el IPC ¿es posible?

IPC

El IPC de marzo (+3%) que eleva la tasa interanual al 9,8% es un hecho sobresaliente, de mayor cuantía, como para parar las máquinas y recurrir a San Ignacio y sus preguntas existenciales: dónde estamos y adónde vamos. Coincide el dato frío salido del INE con la presentación en el Congreso de las medidas de choque, urgentes, adaptadas por el gobierno para hacer frente a los efectos de la guerra que es como decir a la escalada masiva y generalizada de precios y a un malestar social trasladado a la calle. El problema es que las medidas llegan tarde y se quedan cortas. La realidad es peor de la que motivó las medidas.

La amenaza de una inflación creciente viene del pasado otoño con la energía (petróleo, gas y electricidad) como causante determinante. Subidas de todos los productos energéticos provocada por factores externos (menos oferta de petróleo y gas) y por mecanismos de formación de precios (electricidad) desbordados por lo anterior. Las víctimas de ese fenómeno son los países con gran dependencia energética, con España y Europa en cabeza.

La respuesta política ha sido lenta y demasiado cauta. Los bancos centrales tampoco anduvieron fijos en las revisiones; a finales del pasado año sostenían que se trataba de un fenómeno pasajero, coyuntural, que este año 2022 se diluiría. Así lo apuntaban los contratos de futuros del gas y el petróleo. Nadie imaginó que Putin estaba preparando una invasión de Ucrania que se convertiría en una guerra con consecuencias devastadoras para los mercados energéticos.

Para el gobierno español desacoplar el precio mayorista de la electricidad del del gas constituía el objetivo decisivo para reducir las tarifas eléctricas y contener la carrera de precios. Pero al gas y la electricidad se ha sumado este año el barril de petróleo que al superar los 100$ arrastra los precios d ellos carburantes (gasolina y gasoil) que este año se han encarecido en torno al 30% encareciendo los costes de producción y transporte para provocar una explosión de las expectativas de los agentes económicos. Un efecto contagio acelerado bajo el viejo principio de que el que “no llora no mama”.

Todos los colectivos con capacidad de protesta y presión se han lanzado a reclamar subsidios, aumentos de precios/tarifas, reducción de impuestos… una carrera para colocarse en ventaja, para no perder… El objetivo de todos es acoplar sus ingresos (precios, tarifas, rentas….) al IPC que inclemente, impenitente mide cada día la composición de una cesta de la compra que se encarece porque sí o por si acaso.

Parar una carrera que se asemeja a la de un teatro lleno que escucha el grito “fuego” es una tarea política y moral que requiere voces creíbles, mensaje serenos y compromisos a medio plazo. Desacoplar el IPC de la carrera de precios es complejo, al menos cabría intentar aparcar el fenómeno energético con un tratamiento preciso, específico y urgente y situar en primer plano, al menos para lo que queda de año, el IPC subyacente, el que no incluye los precios de energía y alimentos sin elaborar sometidos a volatilidad. Al menos para ganar perspectiva y tiempo. Sacralizar un IPC interanual al borde del 10% como referencia principal es lo más parece a un suicidio económico. ¿Sería posible un pacto de precios, desacoplar el IPC de hoy durante lo que queda de año? Parar la carrera inflacionista es construir un futuro con esperanza.

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