Ucrania, errores de pronóstico

Invasión rusa de Ucrania, Kharkiv

EFEguerra Ucrania

La invasión de Ucrania devenida en “guerra de Putin” contra el país vecino ha sido prodiga en sorpresas e imprevisiones. Cuando con la perspectiva suficiente se escriba la historia se verá que casi nada ha salió como pronosticaban los analistas y comentaristas más conspicuos, la opinión dominante.

Cuando la mayoría rechazaba la hipótesis de la invasión, llegó ésta. Solo la inteligencia norteamericana estimó que iba a ocurrir. El propio presidente Zelenski apostó desde su irrupción en política por acuerdos con los rusos que evitaran un conflicto armado. Pero el que, a la vista de los hechos, preparaba la guerra era Putin que se equipó con disimulo y cautela amontonando reservas financieras y militares, y experimentó con invasiones menores que fueron toleradas con miradas a otro lado de la comunidad internacional.

Cuando la mayoría estimó que la invasión no llegaría más lejos que a eso mismo, la realidad devuelve una guerra clásica, desigual y tan repugnante como la más detestable de las guerras. El ejército ruso, 200.000 soldados, fuertemente armados y mecanizados, apostados en las fronteras con Ucrania, llegaron más lejos de la intimidación para ocupar el territorio, para invadir.

Cuando la mayoría estimó que sería cuestión de pocos días, que el ejército ruso sería bien recibido, derrocaría el gobierno de Kiev, el del presidente humorista, que huiría de inmediato, para dar paso a un gobierno sumiso a Moscú, resultó que no; que los ucranianos resistían la invasión, se interponían a los tanques, y asumían el coste de una guerra de independencia y liberación.

Ahora abundan los tibios que evitan condenar la invasión, incluido el Papa Francisco que ha medido sus palabras y gestos, probablemente con la expectativa de jugar un papel en la negociación tras el inevitable armisticio que algún día parará la guerra y abrirá una negociación con protagonistas y alcance imprevisible.

Esta guerra nos lleva de improviso a imprevisto, de sorpresa (pésima) a sorpresa (también pésima). Algunos apuntan, cada día con más predicamento y adeptos, que la hipótesis de que el resto de países afectados (los de la OTAN) no deben intervenir más allá de la entrega de armamento a los ucranianos y de sanciones a los rusos, que habrá que ir más lejos por razones humanitarias, preventivas y estratégicas. Al menos el bloqueo del cielo para evitar los bombardeos criminales. Al fondo está el riesgo nuclear, que es intimidatorio pero que no es exclusivo de los rusos. Una intimidación, la nuclear que habrá que empezar a estudiar su tolerancia y su disuasión efectiva.

Por ahora demasiados errores de pronóstico que han llevado a ir por detrás de los acontecimientos, a la defensiva, que no suele ser la mejor estrategia para el acierto.

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